jueves, 11 de febrero de 2010

El adiós a un gran amigo. Murió Eduardo Kimel


Falleció Eduardo Kimel, el periodista que impulsó la eliminación de los delitos de calumnias e injurias.

Mi querido Eduardo murió sorpresivamente a los 57 años en una clínica de Buenos Aires. Dejó como legado una lucha de años por defender el derecho básico de su profesión, el de contar la verdad. La normativa para despenalizar esos delitos se conocían informalmente como "ley Kimel". Trabajó en Télam, en la sección internacional.

Kimel se desempeñaba desde abril de 2008 como editor de información latinoamericana de la agencia alemana de noticias DPA, en Buenos Aires, después de haber trabajado varios años en la sección internacional de la agencia Télam.

En 1989 publicó el libro "La masacre de San Patricio", en el que abordó el asesinato de tres sacerdotes palotinos y dos seminaristas durante la dictadura de 1976 a 1983 y en el cual denunció la actuación de las autoridades encargadas de la investigación, entre ellas el juez Guillermo Rivarola.

Seis años después, en 1995, Rimel fue condenado a un año de prisión en suspenso y al pago de una indemnización de 20.000 pesos (por entonces igual a dólares) como culpable de "injuria y calumnia" contra el juez al que mencionó en su investigación.

"Este proceso fue muy largo pero valió la pena. No por una cuestión personal, sino por lo que tiene que ver con la memoria colectiva. En estos años hubo muchos compañeros que me acompañaron, pero quiero recordar especialmente todo lo que hizo mi esposa Griselda Kleiner, quien falleció. Ella estuvo al lado mío, jamás me abandonó. Era una luchadora social, cordobesa, protagonista del ’Cordobazo’", señaló Kimel en 2007 al presentar su caso ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que finalmente, en 2008, falló a su favor en la apelación que presentó contra el Estado argentino. Un año después, en 2009, se promulgó la "ley Kimel".

Andrea Pochak, abogada de Kimel y directora ejecutiva adjunta del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), se mostró muy golpeada al enterarse de su fallecimiento. "Lamento profundamente esta pérdida. Era un luchador por la libertad de expresión en el país. Su caso deja un gran legado en ese sentido. Era un hombre comprometido con la verdad y con la profesión".

Hasta la vista, compañero.

sábado, 6 de febrero de 2010


Entrevista a Víctor Ego Ducrot, director del Observatorio de Medios de Argentina (Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata -UNLP-), publicada el 7 de enero pasado por la revista Contraeditorial, de Buenos Aires, con motivo de la aparición del libro Sigilo y nocturnidad en las prácticas periodísticas hegemónicas: una introducción al modelo teórico y metodológico Intencionalidad Editorial (Ediciones del Centro Cultural de la Cooperación; Buenos Aires; 2009).
Por Jonathan Rippel

¿Por qué, según se puede apreciar en su nuevo libro Sigilo y nocturnidad en las prácticas periodísticas hegemónicas. Una introducción al modelo teórico y metodológico Intencionalidad Editorial, no está de acuerdo con las teorías periodísticas vigentes?

–No es que no lo esté, sino que no hay teorías periodísticas vigentes. Esto puede sonar un poco presuntuoso pero, en realidad, lo digo desde la modestia. Me incorporé a la docencia en la universidad hace diez años, en la Facultad de Periodismo de la Universidad de La Plata, que, a mi modesto entender, es –por su trayectoria, nivel de debate interno y enfoque– la mejor facultad de periodismo y comunicación, no sólo de la Argentina. Entonces empecé a dar clases y me fui insertando en la mirada del hecho periodístico desde el espacio académico. Revisé la bibliografía de la carrera, conversé mucho con los estudiantes, observé el abordaje teórico de los mismos, lo cotejé con gente de más experiencia, con un recorrido académico más convencional, lo hablé con varias personas, para ver si no estaba errado, y llegué a una conclusión que es bastante elemental: que los estudios universitarios sobre periodismo y comunicación, particularmente sobre los referidos a periodismo, cuando hablan de teoría, no expresan ningún marco teórico propio del campo periodístico. Digo, toman prestado elementos de modelos teóricos vastos. Me puse a revisar y detecté que ese préstamo, desde el cual se compone una supuesta teoría propia, viene de tres vertientes muy nítidamente diferenciadas. Por un lado, la de los estudios semiológicos, básicamente, del análisis del discurso. Otra vertiente teórica es aquella corriente nacida en la Escuela de Birmingham, el préstamo de categorías y reflexiones del campo de los llamados Estudios Culturales. Y el otro sector de donde se tomó prestado es aquello que ni siquiera es una reflexión teórica, que es lo que llamo Los Manuales de Técnicas Inútiles, que explican qué es un medio, cuáles son los géneros y las fuentes, y qué es un estilo. Es decir, una descripción de un hacer, más parecido a un manual de mecánica para arreglar automóviles, o para comprender cómo funciona un motor, que una reflexión en torno a la mecánica. Entonces, la primera constatación es que no hay modelo teórico propio desde el quehacer académico en torno al periodismo.

–¿Y cuál es la segunda comprobación?

–Que más allá de los discursos y debates específicamente político-ideológicos, en el ámbito académico, sobre el fenómeno periodístico, hay un problema de fondo que es la aceptación, sin revisión alguna, de afirmaciones que vienen de la reflexión en torno a las prácticas periodísticas urgidas del modelo ideológico hegemónico. Entonces, hay una discusión político-ideológica que parte de premisas falsas. Esa es la razón que despierta el interés de pensar en voz alta sobre la posibilidad de desarrollar un modelo teórico propio del periodismo.

–¿A qué premisas falsas se refiere?

–Por ejemplo, al debate sobre el campo semántico –los discursos– y la objetividad, que es una polémica que fue saldada hace más de cien años. Aquel que todavía discuta sobre la deontología de la categoría “objetividad” no se enteró que nació un señor que se llamó Sigmund Freud. En términos de otras disciplinas, no escuchó hablar de las reflexiones teóricas en torno al campo de la historiografía inaugurada, y en relación a la presencia de las condiciones objetivas y subjetivas de producción de la reflexión teórica, realizadas después de la posguerra, fundamentalmente por Fernand Braudel. Y constatamos que esto no era casualidad: que cuando los modelos hegemónicos hablan de objetividad, están mintiendo. Partimos de la base de que la construcción del discurso periodístico tiene, por naturaleza, la producción y reproducción de sentidos comunes en la imposición como control social. Por ende, la llamada “objetividad”, en el discurso hegemónico, no es otra cosa que el encubrimiento de determinada visión. Los discursos, en verdad, tienen una parcialidad, un sentido único: convencer a la sociedad de que lo que uno dice tiene validez universal.

–¿En qué consiste el modelo teórico llamado “Intencionalidad editorial” que propone en el libro?

–Es un modelo teórico y metodológico aplicable a dos campos muy visibles de la práctica y de la reflexión teórica, en torno a las narraciones periodísticas. Es aplicable tanto a la producción como al análisis de lo que los medios periodísticos hacen. A la producción, porque plantea una serie de herramientas tendientes a la identificación y aplicación de una línea editorial, de la cual surgen elementos cotidianos de la práctica periodística. También es aplicable al análisis, porque propone una cantidad de herramientas para comprender y describir lo que el periodismo hace desde un modelo propio. Es un modelo que, básicamente, se apoya sobre pocos y simples ejes. El primero es el que nosotros llamamos “El desnudamiento del concepto de objetividad como mito”. En ese sentido, proponemos un acuerdo semántico en el que rescatamos la palabreja “objetividad” pero en una semántica muy propia de la práctica periodística. Toda disciplina propone un acuerdo semántico. Nos preguntamos qué es lo que distingue al relato periodístico de otros relatos. Y es, para nuestro modelo, la remisión a fuentes. Por ejemplo, el cartel publicitario que dice “Coca-Cola refresca mejor” no es periodismo porque no remite a fuentes. Es una apelación al consumo. Ahora, si a la empresa Coca-Cola se le ocurriere difundir esa proclama en formato periodístico, alguien debería hacerse cargo. Sería un relato periodístico si dijera, por ejemplo, lo siguiente: “‘Coca-Cola refresca mejor’, dijo William Perkison, ingeniero químico de la planta de Coca-Cola en Atlanta”. Si esto es verdadero o falso, es otra historia. Pero hay alguien que nos da la encarnadura del relato. Entonces, ahí está la “objetividad” del relato. Se discutió durante un siglo si el periodismo es objetivo o subjetivo. Los anglosajones hablan de “just the facts” (solamente los hechos). Y nosotros planteamos: “Para que un relato sea periodístico puede ser objetivo pero, para nosotros, ‘objetividad’ es remisión a fuentes y no a un principio de verdad”. Y así como debe ser objetivo en cuanto a remisión a fuentes, es necesariamente parcial. Es decir, toma partido. No hay práctica periodística neutral. Y partimos de algunas constataciones de carácter antropológico: no se conoce ningún acto humano imparcial. El humano siempre dirime entre varias posibilidades. Entonces, esa polémica que ocupa bibliotecas, o que aburre en debates en el seno de las empresas periodísticas, es obsoleta y ocultadora de la realidad. Por lo tanto, para nosotros, la noción “periodismo independiente” es vacua, falsa.

–¿Y el resto de los ejes del modelo de Intencionalidad Editorial?

–El segundo consiste en ubicar al periodismo como una especificidad de un género más amplio, más concretamente, del género propaganda. Esto es una conclusión que surge como consecuencia de la categorización del concepto de parcialidad. Dicho en otras palabras, el objetivo del periodismo no es informar sino crear sentido común. Es decir, crear un sistema de normas que tienen origen y producción de clase o de grupo con pretensiones de valor universal. Ejemplo: convencer de que la esclavitud está mal. Esta fue una práctica totalmente normal durante siglos. Por la propia dialéctica de la historia económica y de un modo de producción determinado en el sistema capitalista, hubo un momento en que las clases propietarias de los medios de producción requirieron la liberación de ese sujeto trabajador. A partir de entonces, la esclavitud pasó a considerarse un delito. Otro ejemplo: ¿cuál es el creador de sentido común más eficaz de la historia? Los Evangelios. Hace más de veinte siglos que han fijado un sistema de normas del bien y del mal. “No desearás a la mujer de tu prójimo”. Bueno, todos deseamos a la mujer del prójimo. Otro ejemplo: el voto femenino. Se consiguió hace muy poco. Hoy en día, nadie puede proponer que la solución en la Argentina sea que vuelva la esclavitud, que las mujeres no voten más, y que los chicos, en vez de ir a la escuela, vayan a trabajar. En la actualidad, esa afirmación es una aberración ética. Entonces, estamos hablando de una construcción ideológica, de un sentido común. El periodismo, insisto, tiene por función crear sentido común a través de una herramienta muy interesante como es “la transmisión de la realidad”. Nosotros decimos que no se transmiten realidades sino que estas se construyen. Desde el momento en que aceptamos la parcialidad, ya estamos construyendo la realidad. Es decir, si hoy en la esquina choca un auto, uno, como periodista, tiene varias posibilidades, varias fuentes para recurrir. El fotógrafo va a elegir el ángulo y el cronista la gramática, conforme a la mirada que tienen de los hechos. Por consiguiente, hay una construcción. La aprehensión de la realidad es una categoría idealista porque no hay una realidad, sino tantas realidades como sujetos participantes de ellas. Entonces, es muy interesante porque la ficción –la literatura y el cine– también coincide con el periodismo en la función de crear sentido común. La imposición del sentido viene de la apelación al principio de la verdad. No es que al escritor “este” le parece: es así. Fue así. A los Pomar los encontraron a 15 metros. “Es así.”

–Pasemos al tercer eje de su análisis de Intencionalidad Editorial.

–Plantea que no hay práctica periodística posible por fuera de la disputa por el poder. Para construir o reconstruir o modificar el estado de la naturaleza de clases.

–¿Se refiere tanto al poder político como al económico?

–Sí, al poder en general. En términos foucaultianos, el poder no reside solamente en el Estado sino que también habita y se practica en otros ámbitos de categoría más micro: en la familia, en la escuela y en la sexualidad. La mofa permanente de los géneros, de la homosexualidad, la versión grotesca de lo erótico en un medio de comunicación central, como ocurre en el programa de Tinelli, aunque exceda lo periodístico, es un mecanismo de posicionamiento de poder, en este caso, del poder descalificatorio, discriminador y machista. Pero no hay prácticas periodísticas, ni siquiera en el campo llamado “información de servicio”. Esta es un área más debatible. Nosotros tratamos de verificar el modelo de Intencionalidad Editorial en el caso del boletín meteorológico de la televisión. Con un grupo, nos pusimos a seguir el servicio meteorológico de la BBC de Londres. En un momento determinado notamos que Turquía, pese a ser un país europeo, no aparecía en el mapa. Justamente, era el momento en que se debatía en Bruselas el pedido de Ankara para incorporarse a la Unión Europea. El gobierno británico era una de las puntas que se oponían a ello y la BBC de Londres es un medio del Foreign Office, de la Cancillería británica. No había discusión. Pasemos a otra de las secciones supuestamente menos centrales de un medio periodístico, por ejemplo la de modas. Si uno ve Fashion TV pareciera que sólo hay en el mundo mujeres flacas, fantásticas, fabulosas, que están en el Mediterráneo y en el Caribe. No hay gordas, no hay feas y tampoco tipos feos. Y esto es una creación de sentido: es fascismo en estado puro. Trabajan sobre los sentidos. La contracara de esto es “negro de mierda”, “gorda de mierda” o “sos bolita”. Se trabaja desde ahí.

–En su libro se refiere a la influencia de los medios de comunicación y de su relación con los regímenes políticos, económicos e institucionales, o con las organizaciones sociales, según el caso. Y afirma que del modo en que se concrete y se dirima esa interactuación dependerá en última instancia que el poder siga siendo hegemónico o que sea modificado por otro de naturaleza distinta. ¿No es una mirada exagerada sobre el poder de los medios? Siempre se recuerda que Perón ganó las elecciones con la prensa en su contra.

–Esto es muy interesante porque hay constataciones permanentes de que el espacio mediático tiene una capacidad de influencia estratégica, pero que esta no se cierra en sí misma, si no Evo Morales no sería presidente. Y tampoco Chávez y Correa. Y el gobierno de Cristina Kirchner habría terminado hace un año, y los porteños andaríamos calzados con una 45 matando gente con cara sospechosa. La instalación del miedo, a partir de la matriz seguridad/inseguridad, es algo cuyas consecuencias todavía no se están midiendo. Alcira Argumedo dice algo muy interesante: “La capacidad de influencia de los medios de comunicación hegemónicos es inversamente proporcional a la capacidad de organización y movilización de los actores sociales”. Eso es muy interesante porque si no no se explicaría por qué Evo Morales, en cada elección, saca 10 puntos más. Con el Observatorio de Medios trabajamos en los 15 días previos al triunfo electoral de Evo en la primera vuelta, y notamos que la mayoría de los medios de Bolivia no sólo opinaban contra él sino que sacaron editoriales en los que lo calificaban como “el borracho” o en los que se afirmaba que “el indio tiene que aprender a hablar”. Y Evo, no obstante, ganó con más del 60 por ciento de los votos. Creo, entonces, que el debate por los sentidos, pese a la construcción corporativa casi ritualesca de los medios de comunicación a partir de mediados del siglo XX hasta nuestros días, denota este espacio como estratégico. Por eso es muy importante la nueva Ley de Medios: el otorgamiento de un tercio de la frecuencia radioeléctrica a, digamos, la sociedad, que provoca un proceso de democratización en los espacios mediáticos.

–En su obra hay una crítica muy fuerte a agencias de noticias prestigiosas como AP y AFP, y a diarios de reputación mundial como The New York Times.

–Sí. Durante toda la Guerra Fría –hoy esto sigue pero está un poco más disuelto– había un latiguillo en la construcción informativa del lenguaje de agencia que era “aseguraron fuentes diplomáticas occidentales”, traducible a europeas y estadounidenses. Remitía a un sentido común: que la convalidación del principio de verdad remitía a los poseedores del ejercicio de la palabra. Yo trabajé en Prensa Latina y en otras agencias de prensa confrontativas con las del bloque hegemónico, y te puedo decir que jugábamos mucho con este tema: usábamos “fuentes africanas” o “fuentes latinoamericanas”. La selección de fuentes y de la agenda son dos de las herramientas para la construcción de la parcialidad. Hay un trabajo muy bien hecho por la Universidad de La Matanza sobre la cobertura de algunos medios con respecto a aquellas famosas movilizaciones de la década del ’90, efectuadas por los movimientos piqueteros en Salta. En este trabajo se habla de porcentajes altos de fuentes utilizadas provenientes de Bomberos, Gendarmería y la Policía Federal. Muy pocas veces, o en algunos casos nunca, aparecían como fuente las víctimas de la represión. Entonces, la pregunta que hay que hacerse es desde qué mirada y desde qué voz se construye la información.

(*) Víctor Ego Ducrot compilador del libro Sigilo y nocturnidad en las prácticas periodísticas hegemónicas: una introducción al modelo teórico y metodológico Intencionalidad Editorial. Es director de la Agencia Periodística del Mercosur y del Observatorio de Medios de esa agencia, profesor de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP y autor de varios libros, entre ellos, Los sabores de la historia, El color del dinero, Los sabores de la Patria, Bush & Bin Laden S.A., Los sabores del cine y El Derrocado. Además, es columnista de la revista Veintitrés.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Feliz 2010 y nos reencontramos en febrero




















Amigas y amigos:

El Cocinólogo tómase algunas semanas de vacaciones. Volverá a hacerse presente en febrero próximo.

Que todos y todas comencemos el nuevo año de la mejor forma posible.


¡Salud!

viernes, 18 de diciembre de 2009

Gastronomía, cine, artes plásticas y democracia


También es posible “comer con los ojos”: la gastronomía como patrimonio cultural de los pueblos. Películas, muestra pictórica y Soberanía Alimentaria Río Cuarto, provincia de Córdoba. Un ciclo del Foro Abierto Trandisciplinar de Investigación Social Limen.

La mesa, escenario que convoca al diario encuentro del comer. Despliegue en apretada trama de significados, símbolos y valores que tejen con hebras de sensaciones el universo del sabor. Así expresó su idea central el ciclo Comer con los ojos, organizado por el Foro Abierto Trandisciplinar de Investigación Social Limen y la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Río Cuarto, en esa ciudad del sur de la provincia argentina de Córdoba.

Las jornadas fueron inauguradas el jueves 10 de este mes por Víctor Ego Ducrot, profesor de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP, con una conferencia sobre Patrimonio Cultural, Soberanía Alimentaria y Gastronomía sustentable-democrática.

El encuentro incluyó una muestra de cine (La sal de la vida, Grecia-Turquía, 2004 y El sabor del Edén, Alemania-Suiza, 2006; entre otras películas) y otra de artistas plásticos de Río Cuarto, con obras referidas al tema del ciclo, una mirada muy particular sobre gastronomía y cultura. Las actividades se extendieron hasta el día 18.

Ego Ducrot definió a la gastronomía como el conjunto de saberes, prácticas y discursos mediante los cuales las necesidades alimentarias se transforman en posibilidades de goce, de disfrute.

La gastronomía forma parte del patrimonio cultural intangible, desde el cual una sociedad se expresa y es expresada. Y para que esta última sea realmente democrática, los Estados deben garantizar políticas públicas de Soberanía Alimentaria, el único marco que puede garantizar una gastronomía sustentable y democrática, es decir para todos y no sólo para las elites económicas, dijo Ego Ducrot en Río Cuarto.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Una de empanadas, a cuchillo y con comino


Punto y coma. Dale a la Mazamorra caliente y que a Clarín le duelan los dientes.

Por Víctor Ego Ducrot

Por favor no digan que ando clamando por degüellos ni mucho menos que el prójimo me importa un comino. Sucede que las empanadas son como la lámpara de Aladino, aunque no se frotan sino que se muerden, se les hinca el diente hasta el jugo mismo y chau Pinela, la vida te cambia; a veces para bien de tus amigos, a veces para mal de tu enemigos (¿será esa la fórmula perfecta?).

Hace apenas algunos soles, un grupo de investigadores del Observatorio de Medios de Argentina (si quieren enterarse de que se trata vayan a elobservatoriodemediosdeargentina.blogspot.com) celebraron el punto y coma –nunca el final- de su último trabajo y me hicieron partícipe del ágape: empanadas ¡sin vino ché!, que estamos en horario académico y nuestras autoridades pueden decirnos no que no, que eso no se hace.

Consecuencia del trabajo reflexivo a la hora de analizar por qué y cómo los grandes medios de comunicación concentrados se comportan como se comportan, los anfitriones descubrieron, entre otras cosas, que el diario Clarín, con una obsesión compulsiva contra la democracia, incumple su propio manual de estilo (preceptiva editorial desde la cual dicen hacer periodismo) con tal de oponerse y deslegitimar a la nueva ley de radio y televisión. El título central del informe que acababan de producir dice “Clarín, el diario que se viola a sí mismo”.

Por supuesto que acepté el convite, el que de paso me vino bien para suavizar el trance de inapetencia que aflige mi espíritu desde que nos enteramos que el intendente de Buenos Aires contrata policías que terminan en cana por espionajes ilegales y otras delicias, y que él, Mauricito, como siempre, se hace el dobolu.

Y ya que estamos, dios lo cría y el viento los amontona. El alcalde debería renunciar y probablemente seguir los pasos de sus ex empleados, pero para Clarín el bolonqui es una cuestión menor: por ejemplo, el viernes 27 de noviembre, cuando se sabía por su secretaria que Mauricito anduvo pidiendo por mail que al juez le dijeran cualquier verdura con tal de zafar, el diario que se viola a sí mismo prefirió destacar en su primera plana un robo con asesinato, a Del Potro en el Masters y el apoyo de la presidenta a Moyano. ¡Qué tal! ¿En que andarán los criados por dios?

¡Pero qué empanadas las empanadas de aquel piscolabis lamentablemente sin tintorro! Les revelo un secreto: como la celebración tuvo lugar en La Plata, los citados elementos manducables fueron aportados por Mazamorra, sabores de la tierra, una casa que se especializa, entre otros haceres, en la variedad jujeña, de carne cortada cuchillo y sazonada con una dosis mágica de comino, la especia preferida por el jovencísimo músico Manuel Masetti cada vez que debe cocinar para deslumbrar a su novia. Y si él lo hace y lo cuenta, por algo será.

Si un día de estos andan por la urbe de triperos y pinchas – no soy de ninguno pero ojalá que los de la gurda azul se recuperan – no se las pierdan, a las empanadas de Mazamorra digo: creaciones de uno de esos emprendimientos familiares, con mujeres y varones de buena mano para la cocina, que queda en calle 42, entre 13 y 14, desde donde una voz grata los o las atenderá por teléfono si llaman al (0221) 4257683, de la ciudad de La Plata.

Me quedé con ganas de probar los fatay, la tarta abierta de berenjenas y otras bienaventuranzas del sabor y del alma, pero no faltará oportunidad. Espero ansioso un nuevo informe del Observatorio de Medios (estén seguros de que lo habrá) y que la celebración tenga lugar en horas y escenarios sobre los cuales investigadores e invitado puedan empinar el codo, aunque sea un poquito.

¡Y que Mauricito y los de Clarín alguna vez se queden con hambre!

domingo, 29 de noviembre de 2009

Es como si…¿viste? ¡Ay!, no sé. ¿Viste?




















En principio, no crea en cartas ni en palabras de cocinero. ¿Gato por liebre?

Por Víctor Ego Ducrot

Déjame que te cuente, limeña. Bueno, porteña, porteño, argentinos o de Sri Lanka. Bueno, ¡bah!, lectores y lectoras de la Veintitrés. El otro día, conversando sobre asuntos no tan comestibles como los que nos ocupan en estas páginas, afirmé muy suelto de cuerpo que si, para ahorra dinares, a un relleno de castañas y nueces lo truchamos con algo de pan tostado, serán pocos los comensales que se anoticien de la trampa.

Luego me quedé pensando que quizás exageré pero no por efecto de mi maníaca grandilocuencia sino debido a la sobredosis de tilinguería a la que nos somete el bla bla de la gastronomía profesional urbana, con el apoyo incondicional de sus relatos mediáticos, y no digo periodísticos por el respeto que me merece el oficio.

Por supuesto que eso de la tilinguería convertida en discurso puro no es patrimonio exclusivo del ámbito culinario. Y como ejemplo me remito a lo que oigo desde un televisor vecino mientras escribo esto que están leyendo.

No sé desde cual de los tanto pervercanales que dominan la pantalla – ni quiero saberlo- una voz de obispo estreñido, por su solemnidad digo, elogia la convocatoria analfafascista de Mirtha Legrand contra la “inseguridad”. Luego, y sin solución de continuidad, enarbola un panegírico sobre vaya uno a saber qué dichos o discusiones de Marcelo Tinelli, otro de los personajes que suelen ser coro y máscara de la derecha idiota. ¡Qué paciencia hay que tener!

Mejor sigamos con lo nuestro. Modestamente creo que expresiones como es como si…¿viste?... son cabales constataciones, digamos naif, de la sonsera argentina.

Hace un tiempo, en un barsucho con pretensiones de Palermo Soho, que es parecido al Brooklyn Fiorito de Nueva York, me ofrecieron un panini de prosciutto con láminas de brie. ¡Ahhhh, es como un especial de jamón y queso, tipo crudo, viste!

También recuerdo cierta noche de cena con aires de gran cocina - no logro recordar el nombre del restaurante -, con pata de cordero patagónico en costra de pesto de rúcula. Sí, sí, esperen que desmadeje el guiso.

Si el cordero en cuestión nació y se crío en tierras del Sur no me consta –el cocinero jamás exhibió la partida de nacimiento del pobre bicho-, pero sabía bastante a freezer. Bien, eso es lo de menos, pues pudo haber sido un patagónico congelado; pero lo de la costra me sonó mal, casi a lastimadura que está cicatrizando, y al pesto de rúcula propuse alternarlo con un budín de pan pero con galletitas, o con unos huevos revueltos pero hechos de papa. O por qué no unos tallarines amasados sin harina pero sí con bondiola salada, o un flan con crema, pero hecho con pasta de rabanitos. En fin, dale que va, total allá en el horno se vamo a encontrar.

Permítanme ofrecerles una pequeña guía no ilustrada de guiños y señas para descubrir truchos o gatos por liebre.

Crítica a la razón pura, pizzas y empanadas caseras y artesanales; delivery: toda vez que las empanadas de marras ofrezcan repulgues parejos, sin diferencias entre una y otra, casi perfectos, minga que caseras y artesanales; son más industriales que un automóvil cero kilómetro.

Ristorante Peccato di Lombroso, ravioli fatto en casa: usted llega con entusiasmo y buen apetito, un camarero que desborda simpatía lo convence de que allí disfrutará de los mejores ravioles jamás imaginados. Adelante, a gozar de la buena mesa. Si comprueba que los consabidos almohadoncitos con salsa (al decir de Borges) resultan igualitos entre sí y bien dentellados, no tenga duda, son tan caseros como el desayuno de un astronauta en pleno vuelo intergaláctico.

Sonamos, se me acabo el espacio. La guía se las completo una semana de estas. ¡Y dios nos impida ser tan bobos!

domingo, 22 de noviembre de 2009

Uffff, otra vez hay que ir a la escuela


Da un poco de fiaca, pero al final todo es como El Símbolo. Bar, café y morfi.

Por Víctor Ego Ducrot

La verdad que sí, que da un poco; ¡qué digo un poco, mucha fiaca!, pero les aseguro que vale la pena. Volver a la escuela tensa las cuerdas o mejor dicho en nuestro caso, destapa las hornallas y nos acomoda las sartenes en el balero. Y así fue como un día tomé la decisión; me lustré los zapatos y las uñas, arremetí temprano en la mañana, y elegí un banco de la última fila: si el sueño y el cabeceo me traicionaban no era cosa que la seño se diese cuenta.

Este año me tocaron unos profes que da gusto oírlos, tanto gusto que si no fuera porque no quiero quedar como un olfa, como uno de esos que le llevan medias lunas a la maestra para que el boletín luzca bonito, les aseguro que los invitaba a morfar.

La gente de la facu de Periodismo de la Universidad de La Plata se portó tal cual el buen dios manda: convocaron como docentes a académicos propios y de otros centros de estudios. Ente los primeros a la doctora Florencia Saintout, y entre los segundos a las también doctoras y doctor Silvia Delfino, María Pía López y Martín Becerra.

Los pibes dirían que Florencia es una capa, estimula a los más rezagados, por lo menos en edad, como yo. Silvia siempre te deja pensando, a golpe de dialéctica negativa. Martín ayuda a ser claro, primero con uno mismo y después respecto del tema que pretendés saber o aprender, para ser más precisos. Y María Pía se convirtió en ídola: con Sarmiento, Alberdi, Mariátegui, el gran Martínez Estrada y Walsh (sólo le faltó Lucio.V. Mansilla, Ja Ja) demostró que el ensayo como género está mas vivo que nunca. ¡Salud a los cuatro che!, y como decía antes, si no fuese porque puedo parecer un chupamedias los invitaba a cenar.

Aunque a decir verdad, quizá cambie de idea y un día de estos me ponga a cocinar y les chifle para que se den una vuelta por casa. Fíjense ustedes que todos esos profes son gente de ideas claras y por consiguiente entienden de símbolos.

Porque no me van a negar que -cambiamos de tema y de personajes- aquellos que no entienden o no quieren entender de mensajes claros suelen ser gentes distraídas, un tanto lelas o simplemente de mala leche, como los de la SIP, por ejemplo, que estuvieron jodiendo por aquí con eso de la libertad de prensa como privilegio de unos pocos (patrones, claro), o como el cana Mauricio, que de tanto dale que dale al espionaje policial, los gorra se metieron con su familia (de negocios, claro) ¡El Altísimo salve a nuestra pobre Buenos Aires!

Pero volvamos a nuestros queridos profes, que tanto hacen por desburrarnos. Sí, sí, un día de estos cumplo con el convite, pero mientras tanto permítanme recomendarles un boliche porteño que - ¡vaya casualidad! - se llama El Símbolo.

Queda justo en la esquina que forman las calles Mario Bravo y Guardia Vieja; tiene cuatro mesas adentro, con una barra que antes fue mueble de familia, y otras tantas sobre la vereda. Allí mismo me enteré que es algo así como el hermano menor de otro que, con el mismo nombre, funciona a pocas cuadras, sobre la calle Corrientes.

El café es excelente y las minutillas para el medio día también. Hasta ahora llevo probados los sorrentinos de mozzarella con salsa de tomates, las tortillas de papa y unas milanesas con puré que nada tienen que envidiarle a las que freía mi abuela -las mejores del mundo -, más allá de que, si me permiten algunos chismes de intimidad, la mujer de mis sueños prefiera las de su suegra. Pero ese es un punto de la dialéctica “nuera – madre del marido” que ni los más tortuosos senderos del pensamiento (con o sin escuela de Frankfurt) podrán jamás desentrañar.

Y ahora me voy a la cama que mañana tengo clases. ¿O me hago la rata? No sé, ando justo de faltas. Chau.