sábado, 30 de mayo de 2009

¡Qué ravioles los de Salgado!








Aquí están, estos son. No rima pero que ricos

Por Víctor Ego Ducrot

Viví equivocado. Suerte que reparé en mi error, porque siempre está uno a tiempo de rectificarse; aunque, en este caso, más que de una rectificación se trata de corregir un dato, una percepción, un olvido, un descuido de lector.

En uno de mis libros (prepárense para sufrir uno próximo, también sobre sabores), aseguro –y ratifico- que la explosión raviolera tuvo lugar en nuestras tierras como consecuencia de la gran oleada inmigratoria de fines del siglo XIX y principios del XX; y que aquella, como la de tantos otros saberes de la culinaria italiana, ingresó a Buenos Aires por la boca, por la Boca sí, del Riachuelo.

Por supuesto que en el mismo texto hago memoria y ubico algunos antecedentes. Sin ir más lejos, y caramba si sirve como dato histórico, debemos recordar que nuestra ciudad le debe su primer fondín a un arquitecto florentino, Baccio da Filcaia, quien en 1610 construyó una casa de juegos, naipes, dados, ajedrez y truques (una especie de billar), donde también se bebía y algo se comía.

El boliche quedaba en la esquina que forman las actuales calles Alsina y Bolívar, y era propiedad del capitán Simón de Valdés, tesorero de la Real Hacienda, y de Juan de Vergara. Ambos se habían enriquecido gracias al contrabando, actividad económica fundante de nuestra República (no se entonces por qué tanta alboroto con el mercado de la Salada).

Ya se comían ravioles en la Italia del XVII y es dable conjeturar que don Filcaia fue uno de los primeros en disfrutarlos (¿prepararlos también?) en estas comarcas occidentales del Plata. Luego desaparecieron de los anales culinarios porteños hasta casi finalizada la centuria del diecinueve; y ese fue mi error.

Miren lo que encontré releyendo a y sobre ese gran escritor que fue Lucio V. Mansilla: en el cuarto de planchar se hacen tortas fritas y pastelitos rellenos. Además, el general manda llamar a su amigo Boassi, un italiano que tiene almacén en Reconquista y Cangallo, para que le prepare ravioles (descripción de la mesa familiar de los Mansilla, diez años antes de la caída de Rosas, según una biografía escrita por Enrique Popolizio).

Todo esto viene a cuento de la excursión villacrespense que acometí días pasados, en busca de un buen sitio donde sentarme a morfar. Fue así como llegue a la esquina de Velazco y Aráoz, a la antigua casa de pastas ahora restaurante Salgado Alimentos, una verdadera joya para los amantes de la buena mesa cocoliche (esa que es nuestra a partir de los múltiples cruces culturales). ¡Que ravioles! ¡Qué pastas!

No se lo pierdan. Por unos 45 mangos por persona podrán almorzar o cenar como dios manda: entrada, plato principal, postre y vino de la casa (aceptable) vertido en el siempre bien recordado pingüino. ¿Les cuento que fue aquello que me mantuvo ocupado?

Una picadita de porotos picantes (no muy, no se asusten), un surtidillo de quesos en aceite y albahaca, un pato de ravioles de verduras a la boloñesa con albóndigas aparte y alguna otra cosa, dulce, que no recuerdo muy bien, en compañía del consabido tinto (el del pingüino); pero si prefieren algo más original pueden entrarle con confianza a los capeleti de pato, o a los ravioles de búfalo con crema de hongos, o…bueno, vayan y elijan ustedes. No se arrepentirán.

Y si la idea es ir un fin de semana a cenar, reserven al 4854-1336. Eso sí, para que la velada sea completa, les sugiero conservar un poco de lucidez postmorfi, de forma tal que antes del noni o de lo que sea, puedan darle una leidita a Lucio V., a esa breve maravilla que son sus “Retratos y recuerdos”, por ejemplo, editado hace un tiempo por el sello Paradiso. Hasta la semana que viene.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Está en marcha el Seminario sobre Vinos y Periodismo. Pronto dará inicio el de especialización en Periodismo Gastronómico



Una nueva experiencia académica en la Universidad Pública: la formación de periodistas y comunicadores especializados en culinaria y vitivinicultura


El 15 de mayo pasado comenzó el Seminario Vinos y Periodismo Especializado: nuevas perspectivas, organizado por la carrera de Comunicación Social de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCU), con sede en la ciudad de Mendoza, Argentina.

La titularidad docente del Seminario está a cargo del Prof. Víctor Ego Ducrot, de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), con la participación del Lic. Daniel González (FCPyS)y del Lic. Marcelo López.

Se trata de una actividad Teórico-Práctica dirigida a egresados de Periodismo y Ciencias Políticas y Sociales, a periodistas y profesionales de áreas afines. Se desarrolla en tres módulos docentes (14, 15 y 16 de mayo; 4,5 y 6 de junio; y 18,19 y 20 de junio), dictados en la sede de la FCPyS, en Mendoza.

Además, durante los días 15, 22, 29 de junio; y 6 y 13 de julio; de 17 a 21 horas, el Prof. Victor Ego Ducrot dictará el Seminario de Posgrado: La cocina como patrimonio cultural intangible y las posibilidades de un periodismo especializado de nuevo tipo.

El mismo se desarrollará en la Facultad de Periodismo y Comuniación Social (FPyCS) de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Para informes e inscripciones a este Seminario dirigirse a posgrado@perio.unlp.edu.ar

domingo, 10 de mayo de 2009

Qué vuelvan Doña Petrona y Juanita




















Esas son recetas y no las que sufre don Barnes

Por Víctor Ego Ducrot

No me digan melancólico ni que la de ella es una cocina que ya fue. ¡Por favor! Pese a Internet, a la TV gourmet y a los cocineros mediáticos, todavía nadie influyó en tantas culinarias caseras como lo hicieron el libro de Doña Petrona (dicen que el más vendido de la historia editorial vernácula) y su programa de la televisión en blanco y negro, junto a la inefable Juanita.

Hacía rato que tenía ganas de escribir esta columna pero por un motivo u otro siempre iba quedando para después; y hasta tal punto descubro mi parcialidad que, primero en radio de la Ciudad –hasta que Macri me rajó- y ahora en la Voz de las Madres, la AM 530, no me canso de musicalizar el programa “Los sabores de América Latina” (escúchenlo los viernes a las 20 horas, ta gueno ta) con el tema “Doña Petrona, la cocinera de la patria” (sus acordes son horribles, Ja Ja), del creo desaparecido grupo de rock Aguante Baretta.

Hace un par de semanas, alguien, no quiero recordar quién, me dejó de plantón en una esquina de la calle Corrientes, y para contrarrestar la mufa decidí entonces recorrer librerías. Yira que te yira la curiosidad estacionó sobre una mesa de la editorial Anagrama. El inglés Julian Barnes, el autor, y “El perfeccionista en la cocina”, su título.

Comienza así. En mi infancia, el remilgado proteccionismo habitual rodeaba las actividades de las cabinas electorales, el lecho conyugal y el banco de la iglesia. No advertí la existencia de un cuarto lugar secreto (…) en la familia inglesa de la clase media: la cocina (…). Y de la cocina cabía decir lo mismo que del sexo, la religión y la política; cuando empecé a averiguar cosas por mi cuenta, era demasiado tarde para preguntar a mis padres (…). Entre las visitas, trascendió que yo cocinaba. Mi padre observó esta novedad con la misma suspicacia benévola y liberal que había mostrado cuando me sorprendió leyendo “El manifiesto comunista” (…). El fruto de todo (eso) es que si bien ahora cocino con entusiasmo y placer, lo hago con poco sentido de la libertad o la imaginación (…).

Barnes nació en 1946 y es uno de los novelistas ingleses más prestigiosos (“Metrolandia” y “El loro de Flaubert”, entre otras). Además, dice, le gusta morfar y cocinar; aunque, según se desprende de su propio texto, esto último con demasiados remilgos extra culinarios. Lean el libro que hoy nos ocupa y verán por qué lo digo.

La cuestión es que, a través de un interesante recorrido sobre algunos de los mejores libros de cocina de la Europa de nuestros días, don Barnes termina compungido y hasta intenta trazar una perceptiva para el uso de los recetarios: no reparar en las ilustraciones; dejar de lado los de diseño artificioso; evitar los que tratan muchos temas; no comprar libros recomendados por el chef; jamás uno sobre jugos si no se tiene un buen exprimidor, y nunca una antología de cocina regional; huirle a las recetas famosas y no reemplazar una edición antigua por otra más reciente de la misma obra, ni adquirir recetarios que se venden con fines benéficos; y siempre recordar que quienes escriben sobre cocina son como cualquier otro escritor, para bien y para mal.

No le falta humor al tal Julian, es bueno dándole a la tecla pero se zarpa en eso de cultivar la english flema, la pavotería diría yo, porque miren que ponerse tan difícil a la hora de cocinar, to much diría alguien ¿O será que no tuvo la suerte-desgracia de nacer en estas pampas y entonces conocer a Doña Petrona?

Porque ella despeja dudas, es certera pero estimula la creatividad. Y si no pregúntenle a una abuela que supe conocer. Entra las hojas manoseadas de su ejemplar guardaba estampitas milagreras, y su marido grabados pornográficos. ¡Glup!

sábado, 2 de mayo de 2009

Dieta adecuada, gastronomía sustentable y democrática, soberanía alimentaria y patrimonio cultural









Científicos, periodistas y consumidores analizaron la dieta de los argentinos y proponen un programa de comercio justo, gastronomía sustentable y democrática y defensa del patrimonio cultural. El informe completo puede ser solicitado al elcocinologo@gmail.com

Por Víctor Ego Ducrot

Los componentes de una dieta adecuada y un programa de comercio justo, soberanía alimentaria, gastronomía sustentable y democrática y defensa de las cocinas populares como patrimonio cultural intangible fueron los ejes de un seminario-taller desarrollado la semana pasada en la capital de la provincia de Buenos Aires, por un grupo de científicos, periodistas y estudiantes de la Universidad Nacional La Plata (UNLP), en el marco Programa Nacional de Voluntariado Universitario.

El Seminario-Taller propone asumir actitudes de consumo responsable en la alimentación partiendo de tres premisas teóricas y conceptuales claves: la idea de Integridad, para captar la realidad con toda su complejidad; la idea de Diversidad, según la cual los actores tienen diferencias pero también puntos en común; y la idea de Construcción Colectiva en donde los distintos actores se sientan identificados en un proyecto común y avancen colectivamente a la transformación de la realidad social.

Sus objetivos fueron generar conocimientos que lleven a asumir actitudes de consumo responsable en la alimentación, teniendo presente que detrás de cada producto hay una cadena de producción y canales de comercialización cuestionables y valorables; promover la percepción hacia una toma de conciencia que al elegir un producto se está favoreciendo el funcionamiento de la cadena de producción que lleva asociada; difundir los productos que cumplan con las condiciones éticas de dignidad, justicia y respeto por las personas y por el medio ambiente; promover el encuentro entre consumidores y productores locales de alimentos, para debatir esos temas y un programa de gastronomía sustentable y democrática y de valorización de la cocina como patrimonio cultural intangible.

El evento estuvo a cargo de la Agencia Periodística del MERCOSUR (APM), de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social (FPyCS) de la UNLP y contó con el apoyo de la Municipalidad de la Ciudad de La Plata, su Dirección de Defensa del Consumidor y la Asociación Defensa de Usuarios y Consumidores (DEUCO).

El programa del Seminario Taller, de tres jornadas, entre el 27y 28 de abril pasado en el Pasaje Dardo Rocha de esa ciudad, integró las exposiciones de Leda Giannuzzi, doctora en química y profesora de la Facultad de Ciencias Exactas de la UNLP; Fernando Glenza, periodista especializado en medio ambiente y soberanía alimentaria; y Víctor Ego Ducrot, profesor de la FPyCS de la UNLP y director de APM.

Giannuzzi se refirió con detalles a los componentes de una pirámide alimenticia adecuada y a los datos que deben contener los rotulados los alimentos envasados, con especial énfasis en el capítulo aditivos.

Una buena alimentación requiere la ingestión de los cinco grupos básicos de alimentos representados en la pirámide nutricional (o alimenticia). Desde su base hacia su vértice ellos son: pan, cereales, arroz y pastas; frutas y verduras; leche, yogurt, quesos; carnes, frijoles secos, huevos y nueces; y dulces grasas y aceites.

Los alimentos que se encuentran en la base son los que deben consumirse en mayor medida, mientras que a medida que ascendemos es menor la necesidad de consumo.

Las actuales recomendaciones sostienen que una buena alimentación incluye la realización de actividades físicas.

Para una buena salud debe limitarse el consumo de grasas, azúcar, sal común. Que la mayoría de las grasas sean de vegetales o de pescado. Evitar el consumo de grasas sólidas.

Conocer los componentes principales de los alimentos, las cantidades recomendadas, así como los niveles energéticos necesarios para una alimentación nutricionalmente equilibrada, nos permitirá elegirlos de manera adecuada. Para la correcta elección en el caso de alimentos envasados es necesario comprender en profundidad la lectura de las etiquetas o rótulos que estos presentan.

El rotulado de alimentos corresponde a la información que debe estar presente de forma obligatoria y no obligatoria en un rótulo y cómo deben estar expresados estos datos.

Todo rótulo de alimentos envasados deben cumplimentar determinadas reglas generales, de manera que la información consignada no induzca a error, engaño o confusión en el consumidor en cuanto a la naturaleza, la composición y las propiedades del alimento que adquiere. Un ejemplo de ello, que se ve a diario –sobre todo en publicidad-, es resaltar cualidades particulares del alimento que incentivan su consumo por razones de estímulo, bienestar o salud.

Como regla general todo rótulo debe incluir: Denominación de venta (nombre del producto), por ejemplo "leche entera pasteurizada homogeneizada", o también "yerba mate elaborada". Lista de ingredientes en orden decreciente (es decir que el primer ingrediente mencionado es el que se encuentra en mayor proporción). Contenido neto (expresa la cantidad de producto contenida en el envase). Identificación de origen (indica el país o lugar de producción del alimento). Identificación de lote (debe contar con un número de producto, además cada establecimiento alimenticio cuenta con un número que corresponde la identificación del producto que aparece en el rotulo con las siglas R.N.P.A. (Registro Nacional de Producto Alimenticio) o R.P.P.A. (Registro Provincial de Producto Alimenticio). La identificación del establecimiento aparece con las siglas: R.N.E. (Registro Nacional de Establecimiento) o R.P.E (Registro Provincial de Establecimiento). Fecha de duración mínima (consumir antes de...; válido hasta...; validez...). Instrucciones de uso (en caso que corresponda). Rotulado nutricional, vigente desde el 1º de Agosto de 2006.

La normativa tiene por objetivo priorizar el derecho a la información del consumidor y brindar la posibilidad de que éste pueda optar por alimentos inocuos y nutritivos, que contribuyan a una alimentación saludable. Pero, ¿estamos capacitados para interpretar la información consignada en un rótulo?; ¿podemos discernir entre una publicidad engañosa y las verdaderas propiedades de un producto?

Los aditivos son sustancias o mezcla de sustancias que sin constituir por sí mismo un alimento, se agrega intencionalmente en cantidades mínimas con el objeto de mejorar el nivel nutritivo, conservar la frescura, impedir el deterioro por microorganismos e insectos, generar alguna propiedad sensorial deseable o bien como ayuda de proceso. Su uso se debe limitar a las sustancias que han demostrado un beneficio al consumidor. Este debe ser no tóxico y debidamente evaluado en sus aspectos toxicológicos


¿Cuáles son los aditivos de uso más corrientes?

Los aditivos mas corrientemente usados son los colorantes (por ejemplo tartrazina), aromatizantes, espesantes, saborizantes, edulcorantes (sacarina sódica, ciclamato de sodio, aspartame), conservantes (nitrito de sodio, dióxido de azufre, benzoato de sodio, sorbato de potasio), exaltadores de sabor (glutamato monosódico, inosinato de sodio).

¿Cuáles aditivos son peligrosos o cuestionados?

El nitrito de sodio, el aspartame, la sacarina sódica, el ciclamato de sodio.

¿Cuáles aditivos están prohibidos?

Bromato de potasio: Su empleo se basó en la capacidad que presenta de mejorar la consistencia del pan, debido a su efecto oxidante sobre la harina. En el proceso de elaboración de pan se agregaba directamente a la harina y actuaba durante todo el proceso de fermentación y la primera etapa del horneado, modificando proteínas y dando un gluten más elástico, de forma tal que la masa podía absorber mayor cantidad de agua y retener más dióxido de carbono, obteniéndose así mayor volumen. Sin embargo, muchos se ha discutido acerca de su efecto en la salud de los consumidores.

El Comité Conjunto de Expertos en Aditivos Alimentarios (Joint Expert Committee on Food Additives, JECFA), de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), y la Organización Mundial de la Salud (OMS), evaluó el bromato de potasio y recomendó que no deba haber residuos en los alimentos cuando el bromato se utiliza en el procesamiento de los mismos (Joint FAO/WHO Expert). Estudios a largo plazo sobre toxicidad y carcinogenicidad del bromato de potasio han revelado tumores de células renales en experimentos con animales. En virtud de estos hallazgos y de los resultados obtenidos se ha llegado a la conclusión que el bromato de potasio es un carcinógeno genotóxico según la Agencia Internacional de Investigación del Cáncer (International Agence Research Cancer, IARC). Se ha concluido que hay suficiente evidencia de carcinogenicidad del bromato de potasio en animales y lo ha clasificado en el grupo 2B (agente carcinógeno posible).

Haciendo un análisis de todos los casos de intoxicación con bromato de potasio en la Argentina se llega a la conclusión que la única fuente de intoxicación con esa sustancia es ocupacional, es decir el empleo amplio del bromato de potasio en panaderías como "mejorador" del pan (su utilidad se atribuía a la capacidad para mantener la textura del pan). En 1997 se reglamentó la prohibición de su uso como aditivo de la harina para panificación y se observó que disminuyeron los episodios de intoxicación, pero no desaparecieron.

Por su parte, Glenza explicó el concepto de consumo responsable. Es un concepto defendido por organizaciones ecológicas, sociales y políticas que consideran que los seres humanos harían bien en cambiar sus hábitos de consumo ajustándolos a sus necesidades reales y optando por opciones que favorezcan la conservación del medio ambiente y la igualdad social.

Se esgrime que el acto de consumir no solamente es la satisfacción de una necesidad, sino que implica colaborar en los procesos económicos, medioambientales y sociales. Por ello se postula que deberían tenerse en cuenta en el momento de elegir un producto las opciones que menos repercusiones negativas tengan.

Obviamente no consumir es imposible, nos moriríamos de hambre. Pero lo que sí es posible es plantearnos qué consumimos, cómo consumimos, cuánto consumimos, porqué consumimos y, sobre todo, cuáles son las consecuencias de nuestros hábitos de consumo. Y es aquí donde entra en juego el Consumo Responsable (o consumo crítico), que se nos presenta como una herramienta que utilizada conscientemente, puede provocar cambios que ayuden a crear ese mundo justo que todos buscamos.

El Consumo Responsable supone tener en cuenta una serie de parámetros a la hora de elegir qué vamos a consumir. Claro, que para eso hace falta información. El problema es que esa información (sobre la empresa, sobre el producto) nos llega tergiversada mediante la publicidad, que intenta crear en nosotros la necesidad de consumir productos que realmente no necesitamos y asociar el producto publicitado a valores por los que sentimos afinidad (amor, libertad, éxito, salud, belleza).

El Comercio Justo es una forma alternativa de comercio promovida por organizaciones no gubernamentales y por movimientos sociales y políticos que promueven una relación comercial voluntaria y justa entre productores y consumidores. Los principios que defiende el comercio justo son: Los productores forman parte de cooperativas u organizaciones voluntarias y funcionan democráticamente. Libre iniciativa y trabajo, en rechazo a los subsidios y ayudas asistenciales. Rechazo a la explotación infantil. Igualdad entre hombres y mujeres. Se trabaja con dignidad respetando los derechos humanos. El precio que se paga a los productores permite condiciones de vida dignas. Se valora la calidad y la producción ecológica. Se busca la manera de evitar intermediarios entre productores y consumidores. Se informa a los consumidores acerca del origen del producto. El proceso debe ser voluntario, tanto la relación entre productores, distribuidores y consumidores. Debe contribuir a la soberanía alimentaria. Fomentar la economía social y el mercado local. Gestión transparente, compromiso con información. Productos de alta calidad. Compromiso permanente con la comunidad.

Relacionado a los conceptos de Comercio Justo y Consumo Responsable, en los últimos tiempos se observa una expansión de la utilización del concepto de Economía Social en distintos ámbitos. Su empleo va asociado en la denominación de instituciones estatales como el “Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAES) del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, en especializaciones impartidas por establecimientos educativos, como la “Maestría en Economía Social de la Universidad Nacional de General Sarmiento”, en espacios gremiales como el “Espacio de Economía Social del Instituto de Estudios y Formación de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA)”, en entes municipales (como la “Dirección General de de Economía Social de la Municipalidad de La Plata”), etc. El concepto de Economía Social también es utilizado por organismos internacionales, organizaciones no gubernamentales, hasta por movimientos sociales.


Tratándose la Economía Social de un concepto de creciente uso que promueve un horizonte distinto y renovador en búsqueda de un futuro mejor, incluimos otro concepto, de uso incipiente pero francamente creciente: el de Soberanía Alimentaria. Creemos encontrar entre ambas expresiones, y fundamentalmente entre los actores que las promueven un sinnúmero de puntos en común.

La Soberanía Alimentaria fue propuesta por primera vez por la Vía Campesina, movimiento internacional que coordina organizaciones campesinas, pequeños y medianos productores, mujeres rurales, comunidades originarias, gente sin tierra, jóvenes rurales y trabajadores agrícolas migrantes de 56 países del mundo, en el año 1996, en Roma, en un foro paralelo a la Cumbre Mundial de la Alimentación de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

Posteriormente tres eventos mundiales reunieron a los movimientos sociales y a la sociedad civil en su conjunto para avanzar en el concepto de Soberanía Alimentaria: septiembre de 2001, el Foro Mundial por la Soberanía Alimentaria de La Habana; junio de 2002, el Foro de ONG/OSC para la Soberanía Alimentaria de Roma, paralelo a la Cumbre Mundial de la Alimentación; y en febrero de 2007, Nyéléni, el Foro Mundial por la Soberanía Alimentaria, en Sélingué, Mali, África.

La Soberanía Alimentaria reformula la manera de comprender las relaciones entre el campo y la ciudad, la actividad productiva, el papel del campesinado, el modelo de agricultura y el consumo de alimentos. Promueve Derechos Universales, como el “Derecho Humano a una alimentación adecuada y a no padecer hambre”, asegurando alimentos nutritivos y culturalmente apropiados, accesibles, producidos de forma sustentable y ecológica, así como a decidir democráticamente su sistema alimentario y productivo.

El desarrollo de ideas para la construcción de políticas de Soberanía Alimentaria se ha convertido en foco de interés no sólo para organizaciones campesinas, sino también para organizaciones no gubernamentales, instituciones gubernamentales y centros académicos.

El término de Soberanía Alimentaria se ha sumado en los discursos de políticos, intelectuales y militantes sociales, así como al lenguaje de simples ciudadanos, tanto en nuestro país como a lo largo del mundo; criterios de Soberanía Alimentaria vienen siendo plasmados en reformas constitucionales de países latinoamericanos, como las de Venezuela, Bolivia y Ecuador; así también como en países africanos; y su concepto ha sido incluido en la Constitución provisoria de Nepal.

La Soberanía Alimentaria se define como el derecho de los pueblos, de sus países o uniones de estados a definir sus propias políticas ecológicamente sustentables de producción, distribución y consumo de alimentos, garantizando su derecho a una alimentación nutritiva, segura y culturalmente apropiada y a un medio ambiente sano, sin “dumping” frente a países terceros y con pleno acceso a la tierra, al agua y a las semillas. Estas políticas deben tener como base la pequeña y mediana producción, respetando la diversidad de los modos campesinos, pesqueros e indígenas de producción y comercialización agropecuaria y de gestión de los espacios rurales, donde las mujeres desempeñan un papel fundamental.

La Soberanía Alimentaria garantiza la seguridad alimentaria de los pueblos, protege el derecho de los campesinos y campesinas a producir alimentos, así como el derecho de los consumidores y consumidoras a poder decidir lo que quieren consumir, cómo se produce y quién lo produce. No es una demanda exclusiva del ámbito rural. La “democratización de los alimentos” es un derecho universal. Efectivamente, la consecución de un desarrollo rural sostenible basado en los principios de la Soberanía Alimentaria tiene un efecto inmediato en el aumento de la seguridad alimentaria a escala planetaria.

En la jornada de cierre del Seminario Taller, Ego Ducrot se refirió a los conceptos consenso del sabor, gastronomía sustentable y democrática, soberanía alimentaria y la cocina como patrimonio cultural intangible.

Pocos, quizá ninguno, tan sólo el lenguaje, que nos hace humanos, son los temas que resultan tan comunes a nuestra especie como lo es el del comer y el de su contracara y sus consecuencias, el no comer. Claro que cualquiera con buen tino podría decir que se trata de un tópico que de ninguna manera incumbe en forma exclusiva a la humanidad, pero lo que sí pertenece como atributo de nuestra condición es el hecho de que ese comer –alimentación- siempre a lo largo de la historia se materializó en una dimensión superior –sólo humana-, que es la de la gastronomía, entendida esta como el conjunto de saberes y experiencias sensibles acumuladas, mediante las cuales el hombre tiende a convertir su necesidad de alimentos en placer, en goce.

Ateniéndonos a esa definición resulta entonces que una respuesta completa, integral (humana) al interrogante que guía nuestro trabajo, sólo puede obtenerse en la medida en que se contemple la categoría gastronómica, lo cual nos conduce inevitablemente a debatir cuestiones que el enfoque hegemónico sobre la materia siempre soslayó o más aún, silenció.


Gastronomía es el conjunto de saberes y experiencias sensibles acumuladas, mediante las cuales el hombre tiende a convertir su necesidad de alimentos en placer, en goce.

El concepto de gastronomía suele ser circunscrito a la agenda temática de los grandes medios de comunicación (recetas, técnicas, docencia especializada y crónicas sobre restaurantes, vinos y tendencias). Sin embargo, desde nuestra perspectiva, se trata de un tópico más abarcativo, que incluye con preponderancia los elementos de la vida cotidiana que se dan ante el acto de cocina y de alimentación, tales como tradiciones, cuestiones de políticas económicas que influyen sobre la dieta y la capacidad alimentaria de la población, calidad de la misma, etc.

Un modelo gastronómico es sustentable cuando se construye desde políticas y conductas sociales que apunten a la preservación de las condiciones ambientales y los recursos naturales.

Y una gastronomía sustentable es democrática cuando las prácticas proteccionistas del medio ambiente y los recursos naturales permite planificar y ejecutar estrategias alimentarias de calidad y dentro de esos parámetros para el conjunto de la sociedad y no para sectores reducidos y privilegiados por sus niveles de ingreso económico.

Al Patrimonio Cultural lo definimos como la totalidad de bienes materiales y simbólicos que produce una sociedad dada, y desde los cuales la misma se identifica.

El patrimonio cultural tangible está integrado, por edificios, obras de arte, herramientas y todo tipo de bienes materiales desde los cuales se construyen identidad y pertenencia social y cultural.

El patrimonio cultural intangible se expresa en costumbres, hábitos (entre ellos los culinarios o gastronómicos) etc., que no ofrecen una materialidad específica pero también construyen y expresan identidad.

La Soberanía Alimentaria se refiere al marco conceptual desde el cual una sociedad dada puede determinar cuáles son sus políticas alimentarias, en cumplimiento de una agenda que contemple los conceptos de soberanía nacional y soberanía popular. Es decir, la soberanía alimentaria sólo puede ser efectiva en una sociedad que viva en términos de democracia participativa y de autonomía frente a poderes hegemónicos globales.

La introducción de la categoría placer-goce remite a una toma de posición filosófica que abreva en las corrientes materialista, epicúrea y hedonista del pensamiento Antiguo, para desembocar en los paradigmas desconstructores del idealismo hegemónico contemporáneo en sus más diversas vertientes y manifestaciones. Encontramos a esos paradigmas desconstructores del idealismo hegemónico contemporáneo en una línea de pensamiento que incluye a Spinoza, Marx, Freud, Gramsci y Foucault, entre otros.

Por eso decimos con el francés Michel Onfray (La potencia de existir; Ediciones de la Flor; Bs.As.; 2007): La aritmética de los placeres obliga al cuidado del otro: la definición del núcleo duro de la moral. Para sus adversarios, el hedonismo es el síntoma de la indigencia de nuestra época; individualismo dicen (…), autismo, consumismo, narcisismo, indiferencia con respecto a los sufrimientos del prójimo y de toda la humanidad… De hecho, el hedonismo defiende exactamente lo contrario. El placer nunca se justifica si el precio es el displacer del otro. Sólo hay una justificación del displacer del otro: cuando no se puede hacer otra cosa para evitar el dominio destructor de la negatividad del tercero. En otras palabras, cuando la guerra se vuelve inevitable. El regocijo del otro induce al mío; el disgusto del otro causa el mío.

La mayor creación económica política del idealismo –el capitalismo, hoy vigente en su etapa de hiperconcentración financiera, que denominamos Imperio Global Privatizado- ha sido y es el marco en el cual se mantiene vigente un sistema de violación permanente del principio recién enunciado: el regocijo del otro induce al mío; el disgusto del otro causa el mío.

Desde una dimensión gastronómica sostenemos que la tensión que se expresa en la potencia por existir aparece registrada en la lucha histórica del Hombre por comer (por alimentarse y por el disfrute del placer), lucha que se ha expresado en la confrontación entre los que no comen o comen mal para que otros coman y coman bien. Por eso, un poco como síntesis programática, decimos que el banquete sea para todos o que no sea para ninguno, un caso de guerra inevitable.

Entendemos a la gastronomía como expresión del patrimonio cultural intangible de los pueblos.

Baste para este breve texto volcar algunas de las reflexiones contenidas en el libro La cocina como patrimonio (in) tangible; compilación de varios autores; Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad de Bs.As.; Buenos Aires; 2002): El hombre es un omnívoro que se nutre de carne, de vegetales y de imaginario (…). La alimentación conduce a la biología, pero con toda evidencia, no se reduce a ella; lo simbólico y lo onírico, los signos, los mitos, los fantasmas alimentan también y concurren a reglar nuestra alimentación (…).

Comer implica un hecho social complejo que pone en escena un conjunto de movimientos de producción y consumo tanto material como simbólico diferenciados y diferenciadores. Y en este sentido, el consumo de alimentos y los procesos sociales y culturales que los sustentan, contribuyen a la constitución de las identidades colectivas a la vez que son expresión de relaciones sociales y de poder, como sintetiza Marcelo Alvarez, compilador del libro citado.

Como componente del patrimonio cultural de la ciudad Buenos Aires, por ejemplo, su cocina encuentra ecos, es dadora y recipiente de préstamos lingüísticos, podríamos decir, de la poética tanguera, una de las manifestaciones más visibles de esa patrimonialidad, según se desprende del libro Los sabores del tango, de quien esto escribe; Norma; Buenos Aires, 2002.

Nadie podrá negar que las nociones de estética sobre uno o una misma, la forma valorativa o disvalorativa que para nosotros mismos expresan nuestros cuerpos, forman parte también del acervo patrimonial de nuestra cultura, en tanto éste dinámico, histórico, social y económicamente explicable.

La antropóloga Patricia Aguirre da cuenta de este fenómeno estrechamente ligado a lo que comemos y a la representación simbólica de lo que comemos: cada sector socioeconómico tiene su propia representación del cuerpo ideal, que se corresponde con sus hábitos alimentarios. Para los pobres, los alimentos deben ser ‘rendidores’; para los sectores medios tienen que ser ‘ricos’, y para los de altos ingresos, esencialmente “Light”.

La UNESCO reconoce a la gastronomía como un bien cultural, y como tal lo inscribe en los objetivos de su accionar institucional, pues lo considera una necesidad de supervivencia para las naciones, en tanto que se trata no sólo de mantener vivo un rasgo fundador y esencial de la identidad de sus pueblos, sino de proteger muchos productos naturales representantes de la biodiversidad terrestre y de incidir favorablemente en sus propias socio-economías, al valorar ante propios y extraños, productos y técnicas, hábitos y conocimientos, que la mundialización de la oferta, con su aparato publicitario masivo y agobiante, ha devaluado progresivamente.

Si la UNESCO cumple a no con sus objetivos anunciados no es tema que nos ocupe en esta ocasión, pero incluimos la referencia del párrafo anterior porque nos remite al próximo de los puntos a tratar.

Aquí comenzamos a expresar la íntima relación dialéctica que existe entre las categorías desde las cuales abordamos lo estudios gastronómicos: Patrimonio Cultural, Soberanía Alimentaria y Gastronomía sustentable y democrática.

Reparemos en que la UNESCO vincula estrechamente el concepto de patrimonialidad con la protección de los recursos naturales, representantes de la biodiversidad, y la valoración de productos, técnicas, hábitos y conocimientos, propios de cada sociedad. Nos introducimos entonces en otro de los vectores fundamentales de nuestras reflexiones en torno a lo culinario: Soberanía Alimentaria.

Vector al que definimos como el derecho de los pueblos, los países y los Estados a definir sus políticas agrarias y alimentarias, sin ‘dumping’ frente a países terceros. El derecho de los campesinos a producir alimentos y el derecho de los consumidores a poder decidir lo que quieren consumir y, como y quien se lo produce. La Soberanía Alimentaria incluye: priorizar la producción agrícola local para alimentar a la población, el acceso de los/as campesinos/as y de los sin tierra a la tierra, al agua, a las semillas y al crédito. De ahí la necesidad de reformas agrarias, de la lucha contra los Organismos Genéticamente Modificados (OGMs), para el libre acceso a las semillas, y de mantener el agua en su calidad de bien público que se reparta de una forma sostenible.

Respecto de este tópico consideramos imprescindible dejar sentado que la Soberanía Alimentaria es parte indisoluble de la soberanía nacional y política –expresada ésta última sólo en marcos de democracias participativas-, y que su vigencia es condición insoslayable para el trazado de políticas públicas y sociales tendientes a un efectivo cumplimiento del principio de seguridad alimentaria (aseguramiento de comidas sanas, nutritivas y placenteras para todos los integrantes de una sociedad determinada).

En el mundo desarrollado, es decir en los países pertenecientes al bloque hegemónico del sistema capitalista imperialista en su etapa actual, han surgido en las últimas décadas iniciativas político gastronómicas que ponen el acento en la sustentabilidad de una culinaria desestandarizada y acorde con principios ambientales, de forma tal que, en términos aparentes, podrían coincidir con las propuestas de Soberanía Alimentaria.

Un ejemplo de esas iniciativas es el movimiento Slow Food, que se define como respuesta de vanguardia a los efectos degradantes de la cultura de la comida industrial y rápida –“fast food”- que estandariza las técnicas de producción y la oferta de productos, nivelando y homogeneizando los sabores y los gustos.

“Slow Food” es una organización no gubernamental internacional con sede en Italia. Promueve una nueva cultura del placer basada en la lentitud, el conocimiento, la hospitalidad y la solidaridad. Sus objetivos son claros: reencontrar el placer de la buena mesa, incentivar la buena gastronomía y el buen vino, y propiciar la educación de los sentidos para redescubrir la riqueza de los aromas y los sabores. Protege la biodiversidad profundamente amenazada por el uso de agroquímicos, agrotóxicos y transgénicos, apoyando y promoviendo la producción orgánica. Intenta impedir la desaparición de alimentos y sistemas de producción artesanal, favoreciendo el desarrollo de innumerables microeconomías de regiones marginales. Enfrenta la estandarización de la comida y los sabores artificiales de una cultura que impone el consumo a la vez que el empobrecimiento de los sentidos.

Es indudable que esa propuesta nace en un marco cultural de la larga tradición gastronómica, en ámbitos (como el europeo occidental) en los cuales la seguridad alimentaria se convirtió en cuestión de Estado después de la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo, encierra una severa contradicción, pues mientras propugna la educación de los sentidos, no supera su carácter elitista, toda vez que esa educación de los sentidos se limita a las sociedades ricas y hegemónicas y a sectores sociales dominantes dentro del mundo no hegemónico. Son iniciativas que surgen al amparo de las más duras políticas proteccionistas y en un modelo histórico que establece Estados y sociedades apropiadoras de plusvalías y recursos propios de Estados y sociedades dependientes.

A la sustentabilidad excluyente de modelos como el de Slow Food nosotros oponemos el principio de una gastronomía sustentable pero democrática, es decir, que el banquete sea para todos o no sea para ninguno. Ello presupone el desarrollo de un proceso histórico contrahegemónico y superador de modelo capitalista imperialista.

Ese proceso histórico requiere de una transformación del poder simbólico, del surgimiento de un nuevo sentido común hegemónico, contradictor de la hegemonía actual, que consagre como valor universal los postulados de nuestra propuesta: Un nuevo tipo de consenso social e histórico.

En el campo de lo gastronómico el concepto de consenso es esencial, pues es el que permite reconocer cuáles son los rasgos que hacen de la culinaria una herramienta, y a su vez interprete, de construcciones identitarias, tanto desde el punto de vista de una sociedad dada como desde un enfoque nacional. Es decir, sólo desde un consenso de nuevo tipo podrá plasmarse un modelo alimentario y gastronómico acorde a los principios de Patrimonio Cultural, Soberanía Alimentaria y sustentabilidad democrática.

Y podríamos agregar que lo consensual es tan propio del espacio reflexivo gastronómico que solamente desde allí pueden responderse preguntas que hacen a la búsqueda, a la definición de lo identitario.

¿Cuál es el plato de los argentinos (o de los chinos) no importa? O planteado de otra forma, ¿cuándo un plato, un comer, un sabor puede identificarse con una cultura, con una sociedad determinada?: Cuando entre los integrantes de esa cultura, de esa sociedad, existe el consenso de que el plato, el sabor en cuestión, les es propio.

¿El asado y las empanadas son platos argentinos?: Por supuesto que sí. No porque sean comeres que se concibieron y produjeron por vez primera en Argentina, sino porque generaciones de argentinos construyeron el consenso de que se trata de platos propios, de sabores propios. Lo mismo sucede con las pastas, las pizzas, los helados, aunque bien sabemos todos que ninguna de esas variedades nacieron en cocinas vernáculas. Pocas certezas pueden tenerse en términos de historia de la cocina. Quizá sólo una: que la misma está sujeta al principio de sincronías permanentes.

miércoles, 22 de abril de 2009

¿Qué comemos cuando comemos?


Jornadas sobre Soberanía Alimentaria, Comercio Justo y Patrimonio Cultural Gastrónomico; en La Plata (Argentina); 27, 28 y 29 de abril de 2009.-

miércoles, 15 de abril de 2009

¡Dale áperca!...y comete un lomito



En Mendoza, con mayonesa casera y picante

Por Víctor Ego Ducrot

Julio Cortázar dijo que la novela gana por puntos y el cuento por knock-out. ¿Y la crónica? ¿Y los relatos como éste, sobre el mundo del comer? ¡Ay Julio, que sólo nos dejaste! Pero por suerte escribiste: Cuando pelié con el negro en Nueva York el patrón andaba preocupado. Yo lo juné en el hotel antes de salir. "Lo fajás en seis rounds, pibe", pero fumaba como loco. El negro, cómo se llamaba el negrito, Flores o algo así. Duro de pelar, che. Un estilo lindo, me sacaba distancia vuelta a vuelta. Áperca, pibe, metele áperca. Tenía razón el trompa. Al tercero se me vino abajo como un trapo. Amarillo, el negro. Flores, creo, algo así.

Mientras recorría el informativo mundial y constante (que no eterno) de Internet, encontré las siguientes declaraciones del ex campeón del mundo Santos Laciar, el boxeo retrocedió en cuanto a popularidad, pero sigo creyendo que la escuela mendocina, es la mejor. Por su amor al ballet sobre el ring, a esas danzas con las que nos agasajaba Nicolino Locche.

Los estadounidenses, que son medalla de oro en medir y cuantificar todo lo que se les ocurra –si hasta sus estadísticos y sicólogos llegaron a ponerle números e índices a los estados de felicidad…¿se piraron, no?- informan que Humberto Barloa nació el 13 de abril de 1949 en Godoy Cruz, Mendoza. Que peleó en la categoría welter, que ganó cuatro combates por KO, perdió nueve (cinco por KO) y empató otros cuatro. Su hijo, Gerardo Barloa, contó que el viejo supo ocupar el sexto lugar en el ranking sudamericano.

Resulta ser que este escriba llegó a aquella capital cuyana (a ésta deberíamos decir, porque escribo aquí, en Mendoza, y medio apuradito, ya que me esperan en una bodega), para acometer con los preparativos de un posgrado sobre vinos y nuevo tipo de periodismo especializado, que dictará en la carrera de Comunicación Social de la Universidad Nacional de Cuyo. Las clases comenzarán en mayo, no se las pierdan.

Por supuesto que hubo tiempo para cenar en el fondín que los Barloa tienen en la esquina de Av.San Martín y J.P.Morales. Se trata de un boliche rumboso, un emblema de la gastronomía popoular mendocina; con una parrilla dentro, rodeada por mesas aquí y allá, y muchas más sobre la vereda, bajo los árboles y ninguna parecida a la otra.

Sólo sirven sánguches de lomito, de chori y de asado, con unos potes de mayonesa y picante caseros, muy frescos y de rechupete; gaseosas y cervezas de litro, y vino tinto, un malbec algo así como de la casa. No les exagero, los lomitos figuran primeros en el ranking mundial; sin duda alguna los chori por ahí le andan y el asado, dicen, podría noquear al mismísimo Mohamed Alí, el más grande entre los grandes.

El Barloa, asimimso conocido como El boxeador y Papito, es punto de encuentro para los más variopintos personajes de la cultura y del quehacer creativo de Mendoza; académicos y dirigentes políticos de los buenos, poetas, vagabundos y noctámbulas, todo allí como en un verdadero rinside.

Abrío sus puertas hace unos 20 años y desde hace unos siete u ocho, con puntualidad y rigor, organiza dos fiestas que corren de boca en boca por toda la ciudad. La noche de fin de año, con sánguches a lo pavote antes de Navidad, y la elección del Rey y la Reina del boliche, cerca de la vendimia. El Rey es el loco Juan, un entrañable de la calle –seguro más cuerdo que todos nostros- y la Reina Graciela Cousinet, la vicedecana de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la misma universidad que invitó al escriba a dar clases sobre vinos, cronistas y otras uvas.

Barloa es imperdible, como el Torito de Mataderos, como Alí. Hasta la próxima.

lunes, 6 de abril de 2009

La obesidad es ya una epidemia


¿Cómo nos envenenan? La seguridad alimentaria en manos de las multinacionales. Una legítima preocupación que viene del Norte.



Grupo de Estudios Agroecológicos (GEA)

La obesidad ha alcanzado dimensiones de epidemia mundial. Mil setecientos millones de personas presentan alto riesgo de desarrollar enfermedades relacionadas con el sobrepeso, como diabetes y enfermedades cardiovasculares1. En la Unión Europea se estima que, durante los años noventa, 290.000 muertes de mayores de 15 años (el 7,7% del total) estaban relacionadas con el exceso de peso, el 70% por enfermedades cardiovasculares y el 20% de cáncer.

En el estado español el 14,5% de la población adulta es obesa y el 38,5% tiene sobrepeso. Entre la población infantil y juvenil (de 2 a 24 años), el 13,9% son personas obesas y el 26,3% tiene sobrepeso. En el grupo de edad entre 6 y 12 años, la tasa de obesidad es mayor que en los adultos (16,1%), habiéndose triplicado en sólo 10 años y siendo de las más elevadas de Europa. Según la Federación Internacional de Diabetes y la Organización Mundial de la Salud (OMS), el sobrepeso y la obesidad que padecen los menores están cada vez más vinculados a la diabetes tipo 2, considerada diabetes de adulto porque requiere para su aparición de un exceso de peso permanente.

El crecimiento de la obesidad y de sus enfermedades derivadas tiene que ver con el sedentarismo de la vida urbana, pero también con los hábitos alimentarios. Se trata de sobrealimentación pero también del predominio de carnes, grasas, sal y azúcar, en detrimento de pan, pescado, legumbres, frutas y vegetales. Los alimentos frescos y cocinados en casa se sustituyen progresivamente por alimentos industriales, procesados, precocinados, con conservantes y aditivos. En la dieta de nuestr@s niñ@s y jóvenes se abusa de carne, bollería industrial, alimentos precocinados, patatas fritas, etc., repletos de azúcares y grasas saturadas que aumentan la palatalidad2 y eliminan la sensación de saciedad. Las calorías vacías de elementos nutritivos y cargadas de azúcar refinado que sustituyen a la leche y otros alimentos naturales, son la causa de la epidemia de obesidad actual. Saltarse el desayuno y no ingerir frutas y verduras, al tiempo que beber refrescos en lugar de agua y comer chucherías, perjudica la salud.

La OMS recomienda, para una dieta de 2000 calorías (para un adulto), que la proporción de azúcar no supere los 30-50 gramos diarios. Sin embargo, la OMS no informa a la población que una lata de coca-cola u otros refrescos, contienen 35 gr de azúcar que, por sí sola, superan la dosis mínima. La Academia Americana de Pediatría ha alertado del riesgo del consumo de bebidas azucaradas. Un estudio de la dieta de población escolar en EEUU demostró que una lata adicional de bebida azucarada incrementaba el riesgo de obesidad infantil en un 60%. El organismo metaboliza hasta 100 gr de azúcar en hígado y 200 gr en los músculos. El resto se transforma en grasa. El aumento de células grasas es difícil de combatir porque la restricción calórica para eliminar tales células podría afectar al desarrollo infantil.

Niños, adolescentes y jóvenes reciben un alud de presiones publicitarias proveniente de las multinacionales de comida basura, en especial de McDonald y Coca-cola. Nadie obliga a estas empresas a informar de los peligros que sus productos ocasionan sobre la salud. Los establecimientos y las ventas de estas multinacionales no paran de crecer, al mismo tiempo que la obesidad, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares de nuestros niños y niñas.

LA GLOBALIZACIÓN ALIMENTARIA CAUSA INSEGURIDAD ALIMENTARIA: HAMBRE Y COMIDA BASURA

En la dieta del primer mundo, se abusa de la ingesta de grasas y carne. Todo ello tiene consecuencias aquí, pero también allá. Hambre y comida basura son caras de la misma moneda. La carne que comemos procede de animales hacinados y alimentados con piensos. Para su engorde rápido y paliar las consecuencias de una “vida” enferma (inmovilidad y estrés del ganado estabulado) son atiborrados de antibióticos y anabolizantes. La industria alimentaria obtiene más rápido, más kilos de carne y más barata, impulsando una dieta basada en un alto consumo de proteína animal que nos enferma. Mientras, la tierra fértil en los países del Sur, se dedica a la producción de alimentos baratos para el ganado en lugar de destinarse a producir alimentos vegetales para la propia población. La consecuencia es la expulsión de los campesinos e indígenas pobladores de esas tierras, obligados a emigrar y hacinarse en las megalópolis del sur o del norte, que les explota como mano de obra barata, negándoles sus derechos humanos y les expulsa cuando no son necesarios.

La producción cárnica mundial se ha quintuplicado en 50 años. El rendimiento proteínico de una hectárea de cereal es 5 veces superior si se destina directamente para consumo humano que si se emplea en engordar al ganado que nos proporciona la carne. El crecimiento en el consumo de carne igualmente acrecienta los problemas de gestión de residuos.

También abusamos del azúcar. Se nos acostumbra desde pequeñ@s a los dulces, como premio, medio para entretener el hambre o sustituto de la comida en forma de golosinas, alimentos procesados o refrescos. Comer azúcar refinado nos descalcifica, además de ingerir los productos químicos necesarios para su blanqueado. En países donde se cultiva la caña de azúcar, se produce una explotación de las personas y del suelo de cultivo. Las empresas investigan para encontrar edulcorantes más dulces y baratos que el azúcar. Al mismo tiempo, abandonamos el consumo de frutas y verduras que contienen azúcares naturales con los nutrientes y minerales necesarios.

Esta dieta, escasa en fibras, verduras y cereales, provoca diabetes, colesterol, afecciones coronarias, cáncer e hipertensión, a los mayores y cada vez más, a los jóvenes y niños. Muchas de las actividades de los jóvenes son sedentarias, cuando el ejercicio físico es imprescindible para su desarrollo. El sedentarismo favorece la obesidad, porque nuestro cuerpo no quema todo lo que ha ingerido y lo transforma en grasa.

El hábito consumista ha invadido el ámbito de la comida, identificando a través de la publicidad, ocio y consumo y propagando un patrón alimentario urbano, insano y con escasos nutrientes. Engatusados con imágenes publicitarias de familias felices, jóvenes divertidos y regalos, las cadenas de comida rápida atraen a las capas sociales con menor poder adquisitivo, que aceptan como alimentos productos deleznables. Las cadenas de comida rápida, como Mc Donald´s, son perjudiciales para la salud de niñ@s y adolescentes, por la enorme presión que ejercen sobre los deseos de éstos, provocando que l@s pequeñ@s no distingan alimentación de diversión y asocien en su imaginario los espacios de Mc Donald´s con lugares de felicidad. Son futuros clientes afiliados de por vida a la comida basura.

Las enfermedades alimentarias (anorexia, bulimia, obesidad, etc.) no afectan a todos por igual. Amenazan a los grupos sociales con menor educación y menor renta. La epidemia de obesidad contagia a grupos sociales urbanos, dependientes de un trabajo basura y con dificultades para pagar la hipoteca o el alquiler. Su malnutrición no es por falta de alimentos, sino por el exceso y la nocividad de los mismos..

EL DOBLE LENGUAJE DE LA IZQUIERDA GLOBALIZADORA

En los últimos 15 años la alimentación infantil y juvenil en el estado español ha experimentado un aumento de dulces y refrescos, lácteos y carnes, y una reducción simétrica de huevos, verduras y frutas. Este cambio de hábitos se corresponde con el aumento de obesidad en niñ@s y adolescentes y se debe a la publicidad de la industria alimentaria, con la connivencia de los poderes públicos.

A pesar de la alarma por las enfermedades derivadas del cambio alimentario, poco se está haciendo desde las instituciones. La publicidad a favor de la comida basura, bebidas refrescantes, helados y dulces, que las multinacionales de la alimentación lanzan sobre niñ@s y población en general se despliega libremente sin obstáculos legales o sociales. Esto explica la proliferación de establecimientos de comida rápida y expendedoras de bebidas y chucherías, incluso en centros educativos.

La Estrategia Española NAOS3 se presentó en 2005 para combatir la obesidad. Pero esta iniciativa política no aborda la responsabilidad de las multinacionales que la producen. Por el contrario, dicha responsabilidad se niega expresamente: “es importante resaltar que el sedentarismo y el déficit de gasto energético, provocados por las nuevas pautas y hábitos de conducta de nuestra sociedad moderna, juegan un papel principal en el aumento de la obesidad y el sobrepeso y no cabe responsabilizar de este problema a la industria española de alimentación y bebidas, ni a productos alimenticios concretos o a su publicidad”.

El Gobierno emplea la Estrategia NAOS para proteger los intereses económicos de las empresas responsables de las enfermedades alimentarias. No evalúa los daños que la penetración del consumo de la comida basura y los refrescos producen entre la población, en particular en niñ@s y adolescentes. No alerta sobre los crecientes peligros futuros de este modelo de consumo. No promueve la sensibilización crítica sobre estos productos en el conjunto de la población, porque eso le enfrentaría con las multinacionales. No prohíbe su venta en las escuelas, tal como han solicitado la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad y la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición. La Estrategia NAOS propicia “Códigos voluntarios de Buena Conducta” para las empresas de alimentación y bebidas que sólo sirven para limar los aspectos más escandalosos de su publicidad televisiva dirigida especialmente a los menores de 12 años. Establece Convenios con las multinacionales de la alimentación basura para que laven su imagen, mostrándoles como benefactores de los más desfavorecidos y a través de campañas que incentivan el deporte, nos recuerden, cínicamente, los beneficios de una dieta sana, al tiempo que, en estas mismas campañas, nos ocultan los daños que sus productos ocasionan a nuestra salud.

EL CONSUMO RESPONSABLE AGROECOLÓGICO COMO ALTERNATIVA

Habitualmente, se considera una cuestión individual la adopción en nuestra vida cotidiana de pautas alimentarias que concilien la alimentación saludable con el consumo crítico y responsable. Si basamos nuestra alimentación en frutas, verduras, legumbres, cereales y miel y reducimos el consumo de carne, cubriremos las necesidades de azúcar y de proteínas de nuestro cuerpo, eliminando de nuestro consumo la comida rápida y los productos industriales, que benefician a las multinacionales de la alimentación. Si además compramos directamente, a los pequeños campesinos locales que se esfuerzan en cultivar sin productos químicos, estamos ayudándoles a no contaminar y contrarrestando la lógica de la globalización económica que les condena a desaparecer.

Este cambio de conducta es necesario, pero no podemos enfrentarnos a un problema social cada vez más importante en la infancia y adolescencia de los países ricos (obesidad infantil, sedentarismo y consumismo individualista y autolesivo) como si fuera un problema de ámbito privado. Se trata de un problema político y social, causado por el modelo alimentario impulsado por la modernización y generalizado por la globalización. Por ello es fundamental educar, desde la escuela, en otro tipo de consumo: un consumo sano, rechazando la producción industrial de alimentos con productos químicos y transgénicos; un consumo crítico ante el despilfarro, el individualismo, la contaminación y el monopolio criminal de la producción y distribución de alimentos en manos de las multinacionales; un consumo responsable y solidario con la situación de los pequeños agricultores y trabajadores del campo; y un consumo potente para defender la seguridad alimentaria y recuperar una relación de reciprocidad entre el campo y la ciudad, el norte y el sur, autóctonos e inmigrantes.

La lucha por un “peso optimo para toda la vida” debe comenzar desde la infancia. Pero nuestr@s niñ@s, víctimas de la manipulación publicitaria, no pueden hacerlo sol@s. Nosotr@s, aunque también somos víctimas de dicha manipulación, sí podemos. Los cambios en la dieta diaria son el punto de partida. Es urgente disminuir la ingesta de hidratos de carbono “rápidos” procedentes de azúcar y cereales refinados, sustituyéndolos por hidratos de carbono “lentos” procedentes de frutas, verduras y cereales integrales. Los refrescos azucarados industriales, incluidas las colas, que contienen fructosa, más barata y dañina que el azúcar refinado, deben ser sustituidos por zumos naturales o por agua. Las grasas deben ser limitadas, especialmente las de origen animal, sustituyéndose por el aceite de oliva y frutos secos.

Las redes de consumidor@s responsables de las ciudades debemos crecer en diálogo con productor@s agroecológic@s que, sin nuestra cooperación, se ven avocad@s a abandonar la producción ecológica o entregarse, a su pesar, a Carrefour y otros de su entorno. Comprometerse en proyectos de consumo responsable, fomentar la educación alimentaria y realizar actividades con niñ@s y mayores, para impulsar el consumo de alimentos ecológicos. La proliferación de consumidor@s y agricultor@s responsables pondrá la fuerza necesaria para impedir los abusos publicitarios de las multinacionales que condicionan a nuestr@s niñ@s para que adquieran hábitos alimentarios enfermantes.

EL PRINCIPIO DE PRECAUCIÓN4 EN MANOS DE LAS MULTINACIONALES AGROQUÍMICAS5.

A comienzos de los noventa, la Unión Europea (UE) inició, a tra­ vés de la Directiva 91/414, un proceso de revisión de los pesticidas auto­ rizados, muchos de los cuales habían salido al mercado careciendo de estudios pormenorizados de sus efectos tóxicos sobre personas, animales y plantas. Incluso, seguían utilizándo­se, a veces con sospechas, otras con evidencias de sus perjuicios, sin evaluar el impacto toxicológico sobre la salud humana y ecotoxicoló gico sobre la salud del ecosistema. 6

Dicha revisión comenzó después de décadas de acumulación de pruebas sobre los daños de los pesticidas: alergias e irritación de las vías respiratorias, secuelas irreversibles en sistema nervioso, endocrino e inmunológico, cáncer de diversos tipos e into­ lerancia de por vida a la presencia de sustancias químicas, etc. Tras la presión, a nivel mundial, de diversas organizaciones 7 que están docu­ mentando dichas pruebas y exigiendo la responsabilidad de las em­ presas y los gobiernos, se revisó la legislación europea sobre pesticidas, iniciando, en paralelo, un programa de análisis de las sustancias en uso.

En estos años ya se sabía que la exposición a pesticidas afecta no sólo a las personas que los aplican en el campo y en la desinfección de edificios, también al resto de trabajador@s expuest@s, sus familias, vecin@s y población en general, incluidos l@s hij@s engendrad@s con posterioridad al contacto o ingesta del pesticida 8 . Igualmente se sabe que son especialmente sensibles bebes, niñ@s, adolescentes, ancian@s, enferm@s, mujeres gestantes o expuestas un tiempo antes de la gestación y progenitores masculinos, no sólo por esterilidad o reducción de espermatozoides, sino también por la transferencia a su descendencia de daños vinculados a la exposi­ción a pesticidas. Los daños se producen incluso en dosis inferiores a las autorizadas 9 . Los factores que agravan el riesgo tienen que ver con las condiciones físicas de la persona: etapas cruciales en el desarrollo hormonal, una mayor ingesta en proporción al peso -en la infancia, sobre todo en los más pequeños-, estado de debilidad o enfermedad previo; pero también con el uso prolongado de un número cada vez mayor, en cantidad y diversidad, de sustancias pesticidas a lo ancho del planeta y durante más de 50 años, cuya extensión y acumulación en agua, aire, suelo y tejidos grasos de animales y seres humanos, consti­tuye una situación de contaminación generalizada a la que se aportan nuevas emisiones cada año y en un nivel creciente 10 .

Pero la demostración no siempre es posible. Las relaciones cau­sa-efecto por una intoxicación aguda tras un envenenamiento o expo­sición directa son fácilmente identificables porque se producen inme­diatamente o a las pocas horas. Más difícil es demostrar la aparición de un trastorno o enfermedad provocada por intoxicación crónica, debida a varios años de contacto profesional (a lo largo de un periodo prolongado o toda la vida). Aún más dificultoso es probar que se debe a haber permanecido, de forma casual o recurrente, en espacios cerrados ajardines que han sido tratados. Tanto o más complicado es demostrar que ha sido causado por el consumo de alimentos y aguas contamina­das por pesticidas, incluso por debajo de los límites autorizados. Pue­den pasan años entre la exposición y el inicio de la enfermedad. Esta es la situación más habitual en casos de exposición inadvertida, crónica, contaminación alimentaria, exposición de los progenitores antes de la concepción o de la madre durante el embarazo o ingesta a través de la lactancia materna. Tienen que multiplicarse los casos de enfermedad o muerte para que se observe una tasa superior a la normal y alguien empiece a investigar. A veces se demuestra la relación, pero los resulta­dos no son significativos y se rechazan desde una posición científica.

La dificultad probatoria entre la causa y su efecto, facilita que las em­presas productoras de pesticidas no sólo esquiven su responsabilidad cuando causan daños reales, sino que presionen a las administracio­nes para impedir que prohíban su exposición y su acumulación. Estas cuestiones no son contem­pladas al calcular los límites máximos autorizados producción o, al menos, les autoricen "usos críticos" 11 . Aunque la Comisión Europea se vanagloria de haber introducido el principio de precaución en la letra de la Directiva, el he­cho es que, en la práctica, brilla por su ausencia. 12

El proceso de revisión de la totalidad de pesticidas autorizados y en uso antes de 1992, contemplaba un horizonte inicial de 12 años. Dicho plazo ha sido superado y ampliado a 2008. Inicialmente y hasta el año 2001 se contabilizaban 834 pesticidas existentes, que fueron cla­sificados en 4 listas en función de su uso y peligrosidad. En abril de 2005, la cifra había aumentado a 984 sin explicación alguna en los informes de seguimiento.

Las listas 1 y 2 (con 90 y 149 sustancias respectivamente) conte­nían los pesticidas más preocupantes, de mayor uso o aquellos para los que la industria decía poder facilitar con rapidez los expedientes que contenían su propia evaluación de toxicidad y ecotoxicidad. La revisión de estos pesticidas debería haber finalizado en 2003. Pero en marzo de 2006, quedaban aún 11 sustancias pendientes de concluir la evaluación en la lista más prioritaria y 50 en la segunda lista. Los trabajos de la 3ª y 4ª lista aún van más atrasados.

Esto significa que tales sustancias siguen utilizándose, incluso cuando debieran haberse prohibido. Este es el caso del endosulfan, considerado un potente disruptor endocrino13 y que se acumula en el suelo, el aire, los plásticos de invernadero, el agua y los alimentos, pa­sando a la sangre y a los tejidos grasos. La relación del endosulfan con el cáncer de mama y con malformaciones en el aparato reproductor masculino en niños y bebés expuestos ha sido ampliamente documen­tada14. También en España, uno de los principales consumidores de endosulfan de la UE.15 Estas investigaciones deberían haber bastado para prohibir el endosulfan con el fin de evitar nuevos casos y proteger la salud de la población.

El primer informe de la Comisión16 sobre la revisión de sustan­cias existentes, preveía la retirada de unas 500 sustancias. Sin embargo, hasta marzo de 200617 sólo habían sido retiradas 370, de las cuales, una veinte­na han obtenido autorización para "usos esenciales". Con autorización plena figuran algunas sustancias muy preocupantes. Este es el caso del herbicida Paraquat18. Se trata de un producto altamente toxico19. Desde 1985, la Red PAN despliega una campaña para difundir los peligros de seguir empleando los 12 pesticidas más tóxicos, la denominada "doce­na sucia", que busca la prohibición de tales sustancias. En 2002 se ini­ció una campaña específica para este pesticida, "STOP Paraquat", que condicionó la prohibición total o el uso restringido en 13 países, 4 de ellos miembros de la UE20. A pesar todo, la UE ha dado un espaldarazo a este pesticida a finales de 2003. Como en el caso de la mayoría de au­torizaciones de transgénicos, la decisión fue muy controvertida21 y la argumentación contraria de Suecia, con el apoyo de Finlandia, Luxemburgo y Dinamarca no se tuvo en cuenta.22 La autorización exige unas precauciones de protección de los operarios, costosas económicamen­te e imposibles de cumplir en caso de elevadas temperaturas y una evaluación anual de daños sobre los trabajadores y la fauna terrestre en las zonas donde se aplique23. Es decir, reconoce la peligrosidad, pero en lugar de evitarla, aplicando el principio de precaución, acepta las condiciones de la empresa (Sygenta) y subordina la protección de la salud de trabajador@s y medio ambiente a los intereses económicos de la industria agroquímica. Además, la autorización en la UE ha neutrali­zado los efectos positivos de las campañas de sensibilización, frenando el proceso de prohibición del paraquat en países del Sur, a pesar de la imposibilidad de adoptar los niveles de protección de los operarios de los países ricos.

El Parlamento Europeo, en su sesión plenaria del 13/1/09 aprobó un nuevo reglamento en materia de plaguicidas, que sustituye a la Directiva 91/414. Dicho texto establece un nuevo marco que va a regular la comercialización y el uso sostenible de los plaguicidas en la Unión Europea en los próximos años.

Los criterios adoptados supondrán “la retirada progresiva en la próxima década de aquellas sustancias con peor perfil toxicológico y medioambiental, estableciendo reglas más rígidas a la hora de autorizar la utilización de productos fitosanitarios y el empleo de plaguicidas en el campo, prohibiendo su uso cerca de parques, escuelas, hospitales o de los ríos y las pulverizaciones aéreas”, ... “salvo limitadas excepciones” que tendrán que autorizar las autoridades nacionales, estableciendo“mecanismos para evitar la retirada de aquellas sustancias tóxicas para las que no existen alternativas hasta que éstas se desarrollen” y garantías para evitar una "merma insalvable para el sector productor de las herramientas de las que actualmente dispone para luchar contra la plagas”. Es decir, como era de esperar, un nuevo aplazamiento y buenas intenciones que deben ser ratificadas por los estados, siempre que no perjudiquen a las multinacionales24.

En definitiva, la UE no está aplicando el principio de precaución para proteger a la población y al medio ambiente de los efectos nega­tivos de los pesticidas. Su programa de revisión, nuevamente aplazado, es una máscara para seguir actuando en beneficio de la industria química. No se prohíben todas las sustancias más peligrosas y cuyos daños han sido probados. No se suspenden aquellas sobre las que hay estudios que señalan su peligrosidad, aunque no alcancen significación científica, hasta tanto demuestren su inocuidad, como debería hacerse en ejercicio del prin­cipio de precaución. Las prohibiciones a veces son simulacros porque siguen utilizándose bajo la forma de "usos esenciales". Desde 1992 se ha solicitado la inclusión de un centenar de pesticidas nuevos que vie­nen a relevar a los anteriores y, según la Agencia Europea de Medio Ambiente, son "más tóxicos, aunque más específicos y más eficaces" (hasta que aparezcan nuevas resistencias de las plagas reduzcan su efectividad).25

El control de plagas no es un problema reducible a la química porque es agroecológico. Las plagas y enfermedades son resultado de agrosistemas desequilibrados. El empleo de grandes cantidades de agrotóxicos de amplio espectro acaba fracasando y creando nuevos problemas. La mejor manera de combatir las plagas es recuperar el equilibrio de los agrosistemas y el mantenimiento de la biodiversidad.

Por otro lado, la UE, secundada por los gobiernos, resta impor­tancia a la contaminación por pesticidas que contienen los alimentos, a pesar de hacer controles periódicos. "De cada 100 verduras que con­sume ciudadano europeo, 60 están completamente limpias de pestici­das, 36 tienen restos en dosis inferiores al máximo tolerado y 4 están contaminadas por encima de estas dosis26. El 40 % contienen restos y aunque en su mayoría estén por debajo de los límites autorizados, comienzan a acumularse las pruebas de que pequeñas dosis durante mucho tiempo pueden ser más perniciosas que altas dosis de una sola vez. A su vez, una dieta equilibrada, con alto consumo de frutas, verduras y cereales, contendría niveles de pesticidas superiores a los recomendados según un estudio realizado en Barcelona a través de mil muestras recogidas en los comercios.

PORQUE NO QUEREMOS TRANSGÉNICOS: COEXISTENCIA NO, NO Y NO.

NI PRODUCIDOS, NI IMPORTADOS, NI CONSUMIDOS. ¡PROHIBICIÓN!

MANIFESTACIÓN, 18 DE ABRIL DE 2009, ZARAGOZA


1 Internacional Obesity Task Force: Fuerza de Choque Internacional contra la Obesidad

2 Palatalidad es la propiedad de que un alimento sea agradable al paladar. La alimentación industrial investiga y produce sustancias químicas para conseguir este efecto en niñ@s y personas mayores infantilizados por la publicidad y la ignorancia.

3 NAOS: Nutrición, Actividad Física y Prevención de la Obesidad

4 Principio de precaución: supone que la utilización de cualquier tecnología o la autorización de cualquier producto alimentario, demuestren que no constituyen ningún riesgo, presente o futuro.

5 Fuente: Galindo, Pilar (2006) “La globalización contra la seguridad y soberanía alimentarias”. En VV.AA “¡Qué hace esa fresa en tu mesa!”. Págs. 141-180. Ed. Atrapasueños, SOC, Autonomía Sur, Oficina de Derechos Sociales y CAES. Sevilla.

6 Mientras que en el conjunto de sustancias químicas, la Comisión reconoce, con cifras, la escasa evaluación de los riesgos, en la revisión de los pesticidas hay un silencio absoluto y toda la información relevante que se publica aparece en ingles, impidiendo el acceso público a dicha información.

7 Destacamos la Alianza para la Acción de Pesticidas, conocida como PAN (Perticide Action Network) y especialmente su versión latinoamericana, RAP-AL (Red de Acción en Plaguicidas y sus alternativas en América Latina), con abundante información en castellano en su espacio web www.rap-al.org

8 Según la profesora Ana Mª García, del Dpto. de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Valencia, en el entorno de la Albufera de Valencia y como resultado de las fumigaciones aéreas para los cítricos, se han encontrado pesticidas organofosforados en la sangre de los habitantes de la zona. Y continúa “se han descrito enfermedades crónicas neurológicas debidas a la exposición mantenida a estos pesticidas y también secuelas a largo plazo después de intoxicación aguda” (El País, “Pesticidas en frutas y verduras” 8-2-05)

9 Los límites máximos de residuos autorizados en alimentos en agua potable no garantizan la ausencia del riesgo por varias razo­nes: 1) porque la cantidad de dosis diaria recomendable ha sido cues­tionada al aparecer pesticidas que provocan disrupciones hormonales -ver más adelante-, en dosis muy inferiores a las legales; 2) porque las dosis se calculan para varones adultos y sanos, que admiten niveles más altos que enferm@s, mujeres y niñ@s; 3) porque hay que tener en cuenta la combinación de exposición a diversas sustancias químicas, el periodo de exposición y su acumulación. Una dosis legal puede no ser perjudicial durante una temporada corta, pero el efecto puede variar si se prolonga o si el individuo tiene toda la vida por delante –caso de los cánceres- y desarrollarse 10 ó 15 años después. 4) porque, en relación a los residuos en alimentos, depende de la dieta. No es lo mismo un alimento que se consume poco, que si forma parte de la dieta diaria y se ingiere en cantidades importantes. Estas cuestiones no son contempladas al calcular los límites máximos autorizados.

10 Un estudio finalizado por un equipo de investigadores del Co­legio de Médicos de Familia de Ontario (Canadá-2004) y basado en la revisión de la bibliografía científica producida a nivel mundial y en los últimos 10 años, sobre la relación entre pesticidas y diversos tipos de cáncer, malformaciones genéticas, trastornos del sistema endocrino, neurológico y mental, revela que el uso de pesticidas está provocan­do un mayor número de enfermos de estas dolencias, reduciendo la esperanza de vida de la población y la vida saludable. En la revisión, han discriminado tanto la validez científica como la significación es­tadística de los hallazgos, destacando aquellos estudios de prospectiva sobre una muestra amplia y un seguimiento a largo plazo. Esta discri­minación otorga un mayor rigor a sus conclusiones. En la mayoría de los casos, la existencia de la enfermedad se produce por la propia pro­fesión o la de sus padres y madres, pero concluye que la transmisión por la exposición ambiental o alimentaria ha sido menos estudiada y resulta más difícil su evaluación. Pone especial énfasis en los daños sobre la infancia y adolescencia, precisamente por su vulnerabilidad y mayor probabilidad de desarrollar la enfermedad a lo largo de su vida. En aquellas enfermedades donde las investigaciones han sido capaces de demostrar una mayor tasa de aparición ante la exposición a pes­ticidas -diversos cánceres, Linfoma-No-Hodking y leucemia-, se pro­nuncian a favor de evitar totalmente la exposición de la población en general, lo que significa prohibir su uso o reducirlo a situaciones muy excepcionales.

11 Se emplea este término para seguir autorizando el uso de sus­tancias de probada peligrosidad, argumentando que no existe otra for­ma posible de resolver el problema para el que ha sido diseñado. Por ejemplo, el uso del bromuro de metilo en la desinfección de suelos para la producción de fresa. Existen otras alternativas, incluso sin variar el modelo intensivo de producción (como la solarización para evitar los hongos en el suelo). Además, conviene plantearse la causa del uso de pesticidas en la forma industrial de producción de alimentos, cuyos métodos destruyen cualquier defensa natural del suelo, plantas y ani­males ante las enfermedades o la competencia con otros seres vivos. La alta patogenicidad del virus de la gripe aviar es un buen ejemplo. El hacinamiento provoca la bajada del sistema inmunitario y la enfermedad penetra en la fábrica. Un caldo de cultivo favorecido por la densidad y cantidad de animales, propaga más rápidamente la enfermedad y el vi­rus encuentra las condiciones para mutar y hacerse más virulento. Las aves migratorias y de corral no propagan la enfermedad, son sólo sus víctimas. Sin embargo, son perseguidas y encerradas, mientras nadie parece preocuparse por lo que pasa dentro de las factorías de pollos. Cuando no se impugna el modelo industrial, todas las soluciones for­man parte del problema.

12 Esta directiva fue uno de los primeros actos legislativos en contar tanto con el principio de subsidiariedad, como con el princi­pio de precaución. Colocó explícitamente la protección de la salud hu­mana y del medio ambiente por encima de las necesidades de la pro­ducción agraria." Informe de la Comisión al Parlamento y al Consejo COM/2001/0444 final

13 En palabras de Nicolás Olea; "El término disruptor endocrino sirve, en la actualidad, para definir a cualquier compuesto químico, contaminante medio ambiental que, una vez incorporado a un orga­nismo vivo, afecta al equilibrio hormonal. " Extraído de su "Informe Agricultura y salud". Nicolás Olea es catedrático de medicina interna de la Universidad de Granada y Jefe de la Unidad de Radiología del Hos­pital Clínico de Granada. En definitiva, la disrupción hormonal provoca alteraciones que desequilibran el funcionamiento del sistema endo­crino y, durante el embarazo y en edades cruciales, pueden provocar malformaciones genéticas y perjudicar el normal desarrollo del apara­to reproductivo.

14 Citamos sólo un estudio realizado en España "Factores de ries­go de criptorquidia", a cargo de la Dra. Maria Teresa Rueda Domingo, del Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública, de la Facul­tad de Medicina de Granada y publicado en la Gaceta Sanitaria en 2001. En dicho estudio realizado a niños nacidos en el Hospital Universitario San Cecilio de Granada, entre 1992 y 1999, se documenta la influencia del lugar de residencia y la profesión de los padres para este trastorno -dificultad de descenso testicular- en los bebes varones que puede pro­ducir esterilidad y cáncer de testículos en la edad adulta. Extraído déla página www.doyma.es el 16/1/2001.

15 Nicolás Olea informa de la persistencia de endosulfan en los plásticos de los invernaderos almerienses, en las aguas de los ríos an­daluces, en el aire del Pirineo -por la proximidad a la industria produc­tora- y en la sangre y los tejidos grasos de los niños en Murcia. Esta con­taminación se relaciona, en diversos estudios, con el cáncer de mama y la dificultad de descenso testicular de bebes varones según el citado Informe Agricultura y Salud.

16 Informe de la Comisión al Parlamento y al Consejo COM/2001/0444 Final 7

17 Para el conjunto de sustancias existentes y las nuevas, empleamos los datos del informe de abril de 2005, aunque ha habido posteriores modificaciones.

18 Paracuat lleva utilizándose más de 60 años en más de 120 paí­ses. Es un herbicida considerado entre los 12 más tóxicos ya en los años ochenta. En la terminología fitosanitaria se le califica como de amplio espectro y acción rápida. Se emplea para eliminar hierbas por­que destruye el tejido verde de estas plantas por contacto. Colapsa la estructura de sus células, alterando la fotosíntesis y provoca con ello la desecación de la planta. Se aplica en más de 50 cultivos y para contro­lar hierbas en áreas no cultivadas. Se usa principalmente en cultivos de maíz, orquídeas, soja, arroz, hortalizas, algodón y palma {de aceite). A pesar de ser uno de los herbicidas más tóxicos es el tercero más usado en todo el mundo. Syngenta es la multinacional que lo comercializa bajo el nombre comercial de GRAMOXONE. Sus ventas anuales se esti­man en 25.000 toneladas, vendidas el 70% en países "pobres". Actual­mente Syngenta promociona Gramoxone para tratar las supermalezas que no pueden ser eliminadas con glifosato por haber desarrollado re­sistencia a este herbicida a partir del cultivo de soja transgénica de Monsanto (cuya propiedad es la resistencia al glifosato).

19 Clasificado como moderado por ingesta oral, pero alto por in­halación, según los estudios de toxicidad existentes. 17 mg/kg pueden matar a una persona. La muerte por envenenamiento puede ocurrir hasta un mes después, lo que agrava el sufrimiento. No existe antí­doto. También puede provocar: daños irreversibles en pulmones, cora­zón, riñones, glándulas adrenales, sistema nervioso central, músculos y bazo; problemas agudos y crónicos: dermatitis severa, quemaduras de 2º grado, hemorragias nasales, taquicardias, fallos renales y respira­torios. Se asocia con defectos reproductivos y de desarrollo, cáncer de piel y parkinson.

20 Está prohibido en Finlandia (1986), Austria (1993), Suecia (1993) y Dinamarca (1995). Alemania restringió su uso en 1993 y Hungría en 1991.

21 Se aplazó la decisión en 4 ocasiones en el Comité Permanente de la Cadena Alimentaria y Salud Animal y su aprobación se hizo por una mayoría cualificada que daba un escaso margen de conformidad (con 16 votos en contra y 5 abstenciones, el 3-10-2003).

22 Suecia emitió el siguiente voto particular: "La inclusión de paraquat en el anexo 1 de la directiva 91/414 en nuestra opinión no sigue el principio de precaución. Es una sustancia extremadamente peligrosa que puede causar daños severos e irreversibles en humanos. Tanto los modelos de exposición simulados como los estudios de campo indican un margen de seguridad inaceptablemente bajo. Debido a la toxicidad característica del paraquat, los accidentes podrían tener por resultado, daños fatales que no pueden ser contrarrestados con ningún antídoto conocido (...) somos de la opinión de que hay una responsabilidad glo­bal, tenemos en cuenta el resultado de su uso en los países en desa­rrollo y las señales contradictorias que una inclusión de esta sustancia podría dar".